3 de mayo 2004 - 00:00

Para analistas Banco Central Europeo no modificaría tasas

El Banco Central Europeo (BCE), en su reunión del próximo jueves en Helsinki, dejará intactos los tipos de interés en la eurozona en el 2 por ciento, tras haber aflorado de nuevo la inflación en abril, según la mayoría de los analistas.

Las expectativas de que la entidad emisora recorte los tipos, tanto en mayo como en los próximos meses, se han enfriado notablemente en los últimos días y ahora ya se habla de que no habrá novedades en este frente hasta finales del tercer trimestre del año.

Expertos como Jürgen Pfister, del Bayerische Landesbank, creen que ya es demasiado tarde para acometer una reducción de los tipos con el loable fin de reactivar la alicaída economía europea.

Para Michael Schubert, de Commerzbank, una bajada de los tipos en Helsinki, donde deliberará el consejo de gobierno del BCE siguiendo su costumbre de reunirse dos veces al año fuera de su sede de Fráncfort, es más bien improbable.

El banco argumenta que si bien el crecimiento económico ha sido modesto en Europa, hay motivos internos y externos para creer que la recuperación se mantendrá en 2004 y más allá.

Tommaso Padoa-Schioppa, miembro del directorio del BCE, manifestaba que en estos momentos todas "las opciones están abiertas", en alusión que el banco puede subir, bajar o dejar inalterados los tipos.

Por su parte, el vicepresidente de la entidad, Lucas Papademos, advertía de que no puede esperarse que la política monetaria impulse el crecimiento económico si se tolera un índice más alto de inflación, y apuntaba que el crecimiento puede fomentarse a largo plazo si se mantiene un entorno de estabilidad de los precios.

Sólo si el cambio del euro se dispara a niveles intolerables para la economía europea o sucede algún imprevisto, el BCE optaría por rebajar el precio del dinero, que desde junio pasado se halla en mínimos históricos para los doce países del área, opinan los economistas.

El presidente del instituto monetario, Jean-Claude Trichet, y otros altos cargos se han lamentado de la falta de confianza en la economía y de la incertidumbre, que frenan el impulso consumidor de los europeos y contra lo que la política monetaria poco puede hacer.

Alemania y Francia, dos países con un exiguo crecimiento económicos, han sido quienes han presionado con más vehemencia al BCE para que rebaje las tasas, especialmente en la reunión del G7 en Washington en abril.

El compás de espera adoptado por la entidad puede prolongarse ahora que la inflación ha vuelto a subir con fuerza y en abril se acelerara en tres décimas al 2 por ciento, respecto a febrero.

La efervescencia de los precios del petróleo y la subida de los impuestos indirectos han sido dos factores que han contribuido a elevar el índice de inflación, aunque este incremento puede tener carácter pasajero, como ya había advertido el banco europeo.

Esta semana también debaten los tipos de interés los bancos centrales de EEUU y Gran Bretaña, dos economías cuya inflación también se ha disparado y que parecen dispuestas a contrarrestar sus efectos con una pronta subida, ante todo el Banco de Inglaterra, que ya las incrementó en noviembre y febrero.

La división sobre la actuación del BCE era evidente en el grupo de 18 expertos que forma el consejo de gobierno "en la sombra" de la entidad, de los que nueve apoyan una reducción y cuatro prefieren una subida, un caso sin precedente en este organismo patrocinado por los diarios Handelsblatt y Wall Street Journal Europe.

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