"Lo último que vamos a perder es el humor." Con el título de esta columna y la frase anterior, un agente de Bolsa de tercera generación, resumía lo vivido ayer. Rumores de todo tipo, los ya conocidos de renuncias, devaluaciones, más otros que aun no habíamos escuchado, exacerbados por la proximidad del feriado del lunes. No importa que sean o no verdad, lo concreto es que hay sitio para que éstos se multipliquen. En la vereda de enfrente un problema que también graficaba el mismo agente: "Me llama un cliente. En dos minutos le digo lo que pasó, y después.... no tengo nada más para decirle". Un problema afín a todos los que debemos transmitir lo ocurrido en el mercado, y que sólo refleja la falta de información, y por qué hay lugar para tanto rumor.
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Papeles negociados 51, de ellos, 7 quedaron en suba, 38 en baja y 6 sin cambios. El volumen operado, $ 23,4 millones a los que hay que restarles $ 3,5 millones que correspondieron a los certificados extranjeros. La variación de los índices: baja de 1,5% para el Burcap; 3,42% para el Merval, que finalizó el día en 372,74 puntos, y 3,89% para el Merval local. La vieja combinación de merma de precios con incremento de volumen, que asusta aun más si tenemos en cuenta que el mercado abrió con una suba de 1,4%. Al frente de las caídas estuvieron las metalúrgicas Acíndar y Siderar retrocediendo poco menos de 7%, y Galicia con un descenso de 5,8%. Como subas, apenas se puede mencionar entre las líderes a Irsa y Repsol que ganaron menos de 1%. Como en la rueda anterior, el optimismo duró muy poco, y nadie parece ser capaz de explicar acabadamente por qué. Sólo para la estadística: la última vez que anduvimos en estos valores, fue el 29 de abril de 1999.
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