Los hombres razonables admiten que es un ejercicio fútil intentar predecir qué dirección tomarán los precios de las acciones de un día/semana/mes/año/etc. a otro. No obstante, a veces se puede augurar cuál será el factor que más gravite sobre estos precios. Adivinar entonces que el dato sobre los precios mayoristas de setiembre sería clave para lo que pasó ayer no tiene ningún mérito. Decir que la actividad de quienes juegan con descubiertos fue lo que determinó el resultado final tampoco. Tal vez, de no haber sido por la masiva operación de venta de acciones de Exxon que efectuó la gente de Goldman Sachs a la una de la tarde, el resultado hubiera sido otro, pero esto sólo bastó para que se prestara real atención a la implicancia de los precios mayoristas trepando por encima de los minoristas. Es cierto que en parte también contribuyeron en este sentido los comentarios de la presidenta de la Fed de San Francisco, pero a estas alturas a nadie debe sorprender sus afirmaciones que "la tasa de fondos federales necesitara ser elevada" (irónicamente, la tasa de treasuries a 10 años bajó a 4,479%). Lo malo de lo vivido ayer es que, a pesar de que la inmensa mayoría de las cotizantes que dieron a conocer sus estados contables superaron fácilmente las previsiones de los analistas, esto no pudo ser capitalizado, lo mismo que tampoco se capitalizó la baja del crudo a u$s 62,8 por barril, ni la revaluación del dólar a 115,62 yens y u$s 1,1962 por euro. Si bien 0,61% que perdió el Dow, al cerrar en 10.285,26 puntos, no es algo para que festejen demasiados, de todas formas quedó cierta sensación de que las cosas podrían revertirse hoy, si no nos topamos con sorpresas.
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