Pelea Lavagna-Pignanelli complica presupuesto 2003

Economía

Será muy difícil que el gobierno pueda cumplir este año con el precepto constitucional que obliga al Poder Ejecutivo a enviar al Congreso antes del 15 de setiembre el proyecto de presupuesto nacional del año siguiente. Más allá de los conflictos que produce la crisis económica y la inexistencia del Presupuesto 2002 desbordado por la realidad, hay problemas políticos -como la mala relación entre el Banco Central y el Ministerio de Economía-y otros técnicos que hacen casi imposible hoy establecer las pautas de cómo se comportará el sector público en 2003.

A esto debe sumarse que, como no hay un acuerdo con el FMI, no es posible ponderar qué montos de deuda deberán ser cancelados el año próximo. Tampoco se terminó de definir el programa monetario para el año próximo, ni siquiera el que se mantendrá vigente hasta fin de 2002. «Sin arreglar con el Fondo, ¿qué calculamos como deuda?, ¿qué ponemos como intereses?», se preguntan en el Congreso. Todo esto, sin tener en cuenta la deuda con acreedores privados, que el gobierno quiere comenzar a negociar no bien haya entendimiento con el FMI.

Muchas de las pautas que deben tomarse para el cálculo presupuestario fueron incluidas en el borrador de la carta de intención que fue enviada al Fondo, pero no pueden ser tomadas en cuenta todavía, porque fueron cuestionadas por el organismo. De todas formas, al gobierno siempre le queda la posibilidad de apelar a un recurso que inauguró Domingo Cavallo el año pasado, cuando la crisis comenzaba a estallar: enviar al Congreso un resumen del presupuesto para cumplir con la ley y luego avanzar con el resto de las partidas y proyecciones.

Pero las complicaciones son muchas:

• Existen problemas en el equipo administrativo que elabora el presupuesto. En ese sentido, hay alguna dificultad adicional, porque en la estructura permanente de la Dirección de Presupuesto del ministerio hay algunas ausencias.

• En el Congreso, no hay expectativas sobre el envío del presupuesto nacional 2003 el próximo 15 de setiembre. Nadie cree que, en estas condiciones, el gobierno pueda cumplir con la presentación del presupuesto gracias a la falta de datos y de una base de cálculo para las proyecciones de gastos e ingresos.

• Las internas entre el Banco Central y el Ministerio de Economía no están ayudando, tampoco, a terminar el cálculo del presupuesto. Con el cambio de política económica, el Central pasó a tener la llave del objetivo de inflación y la consiguiente elaboración del programa monetario. En Economía se quejan de la falta de datos provistos por la autoridad monetaria.

• Lo cierto es que, hasta ahora, sólo existe un programa monetario actualizado en mayo que contempla una inflación de 15% para 2002 (cuando hasta julio los precios crecieron 34,7%) y una proyección de emisión que ha sido sobrepasada por los hechos. La nueva regla monetaria no está lista aún y, por lo tanto, será muy difícil calcular los números de 2003.

• El tercer factor que complica el tratamiento es la situación de la Comisión de Presupuesto y Hacienda en Diputados. Si bien está en funcionamiento, no se ha nombrado un presidente de ese cuerpo en reemplazo de Jorge Matzkin, que se retiró a ocupar el Ministerio del Interior. Por lo tanto, el proyecto puede ingresar, pero no habrá un responsable político con poder para iniciar las negociaciones.

• Se presume que el gobierno no tendría problemas con uno de los puntos esenciales que históricamente marcó el debate presupuestario: el nivel de gastos; pero hay complicaciones con la proyección de ingresos.

Licuación

En el primer caso, el gobierno parece dispuesto a no subir los niveles de gasto y dejar que la salida de la convertibilidad sirva, al menos, para licuar el gasto público. Además, en este punto, Eduardo Duhalde tiene una ayuda: los gastos que más han subido este año corresponden a rubros extra-presupuestarios y, por lo tanto, no tienen tanta incidencia en el cálculo final como, por ejemplo, el plan Jefas y Jefes de Hogar.

Pero el gobierno no puede todavía incorporar al presupuesto los nuevos impuestos que esperan tratamiento en el Congreso y, además, debe definir algunos gastos como, por ejemplo, la forma en que se devolverá el 13% retroactivo sobre las jubilaciones y salarios -si es con bonos o en cuántos períodos fiscales se realizará la devolución-y de dónde emergerán los fondos para pagar los sueldos y jubilaciones completos.

Hasta ahora, de los cuatro incrementos tributarios que pretende Economía, el Congreso está dispuesto a concederle dos.
Tienen chances de avanzar el proyecto que elimina la exención al Impuesto a la Ganancia Mínima Presunta de algunos planes de competitividad y el que eleva los aportes patronales en 1,5% --pu-diendo tomar a cuenta de IVA esa diferencia-en algunas provincias. Pero no existe consenso para aprobar los proyectos que gravan con Ganancias los reintegros a las exportaciones y el que elimina en parte el subsidio a los combustibles en la región patagónica.

Como la Ley de Administración Financiera del Estado obliga a tomar sólo como ingresos los impuestos vigentes al momento de elaborar el presupuesto, ninguno de estos puntos puede ser contemplado por ahora en el cálculo final.

Para el cálculo de los ingresos, las dificultades son mayores todavía. El gobierno estima que el año próximo la economía podría crecer 3,5%, pero ya el Fondo objetó de optimista esta meta, con lo cual será difícil saber con qué monto de recaudación adicional se podría contar. A esto se suma que no existe aún una estimación de inflación para 2003.

Ayer, un senador que tuvo mucha influencia en la Comisión de Presupuesto y Hacienda cuando era diputado confesó: «No sé qué decir. Quizás hagan algún dibujo y lo manden. En realidad, yo sé que toda la oficina de presupuesto había trabajado en la recolección de datos y le faltaban las pautas para el cierre. Pero si las pautas no las tiene nadie, sin pautas no hay presupuesto», dijo.

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