Empresas medias e inversores mayores están ganando dinero en la plaza financiera local con un método legal, pero con la secuela de peligrosa imagen especulativa. Se trata de traer desde el exterior, generalmente a cuentas de ahorro, los dos millones de dólares permitidos mensualmente, comprar bonos argentinos posdefault o poscanje indexados en pesos aquí y con diferencia de un día o dos venderlos afuera con una ganancia instantánea de 1% por diferencia de cotización. Significa el alto rendimiento de 12% anual o sea u$s 240.000 por operador individual. Es legal porque encuadra dentro de las normas vigentes en el país, cumple en teoría con la retención de 30% por un año sobre ingreso de capitales, se hace con dinero correctamente declarado y por tanto inobjetable, pero tiene un riesgo: son operaciones que quedan asentadas oficialmente y expuestas a integrar algún «listado político» del progresismo criollo. A diferencia de otros países, en la Argentina de hoy no basta actuar dentro de la legalidad y ganar sobre la base de distorsiones de mercado que el propio gobierno crea en su afán de digitarlo todo.
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