Washington (EFE, DPA) --La decisión del Pentágono de suspender un contrato con Boeing para alquilar 20 aviones y comprar 80 por 18 mil millones de dólares agravó la crisis de la compañía, que cede un terreno decisivo frente a sus competidores.
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El Pentágono adujo razones éticas, a raíz de que uno de los representantes de Boeing para acordar el contrato cumplió funciones recientemente en ese Ministerio de Defensa.
Aunque Boeing continúa siendo el mayor fabricante de aviones del mundo, su cuota de mercado fue decreciendo en los últimos años, sobre todo a partir de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Ese año fabricó más de 500 naves comerciales, frente a las menos de 300 previstas para 2003, lo que obligó a la empresa a despedir a 30.000 trabajadores desde entonces.
Boeing pasó a depender cada vez más de las compras del Pentágono, que multiplicó sus presupuestos desde la guerra de Irak, por lo que se torna más grave la suspensión de la venta y alquiler de los 100 aviones cisterna 767 para el abastecimiento de aparatos en vuelo.
Boeing y el Departamento de Defensa estaban a punto de firmar el contrato, pero la crisis ética en la compañía impulsó al subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, a ordenar «una pausa en su ejecución» hasta que el Pentágono investigue las «supuestas irregularidades».
Wolfowitz explicó al Senado que su decisión estuvo motivada por el despido del jefe de Finanzas de esa compañía, Michael Sears.
• Ofrecimiento
Sears ofreció el año pasado un empleo en Boeing a Darleen Druyun, que entonces trabajaba para la fuerza aérea y tenía un papel clave en las negociaciones sobre el contrato con el Pentágono. Según documentos divulgados por varios legisladores, Druyun pasó a Boeing datos sobre la oferta de Airbus.
La empresa estadounidense contrató a Druyun en enero y la despidió la pasada semana cuando estalló el escándalo. Además, el lunes pasado renunció su director ejecutivo, Phil Condit.
La empresa aspira a no quedar afuera de la próxima licitación del gobierno de Estados Unidos de un programa de Sistemas de Combate del Futuro para la renovación del armamento del ejército, por un valor que podría alcanzar los 90.000 millones.
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