4 de febrero 2002 - 00:00

Plan BONEX II: igual idea 12 años después

Plan BONEX II: igual idea 12 años después
El gobierno acaba de relanzar una nueva versión del plan BONEX: los ahorristas que tengan depósitos en dólares de hasta 30.000 millones podrán canjearlos por un título público en dólares a largo plazo con garantía del Tesoro. A diferencia del plan ideado a principio de 1990, en su nueva versión, el plan no es compulsivo sino optativo.

Igualmente vale la pena recordar lo que fue este plan. Sobre todo porque quienes decidan acceder a esta opción, deberán saber que, si pueden esperar hasta el vencimiento del bono, podrán recuperar la totalidad de sus ahorros en dólares (siempre que no haya en el medio alguna disposición al respecto, sobre todo sabiendo que se estarán aceptando bonos de un país que está declarado en default y que deberá renegociar lo que quede pendiente de su deuda). En cambio quienes necesitaran desprenderse de estos bonos antes de tiempo, probablemente, como ocurrió con los BONEX, deberán asumir una pérdida importante de capital. En el caso de los BONEX llegaron a cotizar a 25% de su valor.

¿Qué fue el plan BONEX?


El 1 de enero de 1990, luego de convivir algo menos de un año con un «corralito» financiero similar al actual, el gobierno argentino confiscó los depósitos a plazo fijo mayores a u$s 550 dólares, por entonces 1 millón de australes, y a cambio se entregaron bonos emitidos en dólares por el gobierno, a 10 años de plazo. La confiscación alcanzó depósitos por 3.300 millones de dólares. El nuevo plan estipulaba que de los depósitos a plazo sólo se podría cobrar hasta 1 millón de australes en efectivo (u$s 550 ya que el tipo de cambio que se fijó para el canje fue de 1.830 australes por dólar). Los depósitos a plazos fijos de 1989 eran de 4.600 millones de dólares. De ese monto, u$s 3.300 millones se devolvieron en bonos externos, esto es, BONEX serie 1989 y el monto restante, u$s 1.300 millones, en efectivo. Había además unos 2.200 millones de dólares en cajas de ahorro que no fueron confiscados. Por entonces, la medida no causó gran revuelta social, pero sí paralizó la economía: en 1989 la Argentina estaba sólo mínimamente bancarizada, y afectó a 200.000 ahorristas. En medio de imparables e históricos procesos inflacionarios, devaluaciones, inestabilidad productiva y política, sólo unos pocos usaban el sistema financiero y aunque existía mayor capacidad de ahorro que hoy, muchos argentinos ahorraban fuera del sistema financiero. Tampoco las empresas pagaban los sueldos a través de los bancos.

Mediante lo que se llamó plan BONEX, fue el Estado el que respondió por los depósitos canjeándolos por lo que en un comienzo fue un depreciado bono. En su nueva versión, el bono también estará a cargo del Estado con garantía del Tesoro.

Por entonces el gobierno confiscó depósitos y usó el dinero para cancelar deuda de corto plazo.
Eso fue posible porque los encajes eran elevadísimos, llegaban a 88%. Con lo cual, si los depósitos a plazo era de u$s 4.600 millones, unos u$s 4.000 millones deberían haber estado depositados en el Banco Central. Por eso la deuda del Estado con los bancos superaba holgadamente a los u$s 3.300 millones que se convirtieron en BONEX, o en deuda pública.

El plan BONEX fue lanzado a pocos meses de asumir el gobierno de Carlos Menem que llevaba a Antonio Erman González, como ministro de Economía. Pero muchos le atribuyen la paternidad de este plan a Domingo Cavallo. Aunque en realidad los historiadores recuerdan que el plan BONEX fue una adaptación del plan que Erhard aplicó en Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando se congelaron todos los depósitos y a cada persona sólo se le devolvieron apenas 150 marcos.

La salida del congelamiento bancario a través del plan BONEX empezó mal. Se paralizó el país durante varios meses, y no se logró contener la inflación.

Los BONEX, que tenían dos años de gracia y pagaban un interés de 8%, se depreciaron muy rápidamente y llegaron a valer apenas 25% de su valor. Quienes lo mantuvieron hasta su vencimiento, pudieron recuperar la totalidad de los depósitos.
Pero la mayoría de los ahorristas se deshicieron de ellos antes de su vencimiento y vieron licuar buena parte de su capital inicial.

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