15 de septiembre 2006 - 00:00

Poco serio

Otra peregrina idea del laboralista Héctor Recalde -diputado de bolsillo de Hugo Moyano- propone que la empresa se haga cargo de la restitución del salario de un trabajador si sufre un asalto en los 100 metros que circundan al cajero automático adonde fue a cobrar. También le impone a la empresa la obligación de pagarle al asalariado el seguro contra robos que suelen ofrecer los bancos contra esos delitos. El proyecto es irreal porque imagina que un empleado saca todo el sueldo de un solo cajero. No se votó, pero si llega a ser ley, desencadenará otra picaresca criolla que aumentará el costo del empleo.

El kirchnerismo presentó en la Cámara de Diputados un insólito proyecto por el cual busca obligar a las empresas a indemnizar a sus trabajadores en caso de que sufran robos en los cajeros automáticos donde cobran sus sueldos.

La iniciativa del rionegrino Osvaldo Nemirovsci y del diputado-abogado de la CGT, Héctor Recalde, apunta -según sus autores- «a dar mayor seguridad a los trabajadores que cobran su sueldo a través de tarjetas de débito, en cajeros automáticos».

Los fundamentos de este proyecto parlamentario, según explicó Nemirovsci, tiene que ver con que los empleadores, tanto del sector público como del privado, «decidieron de manera unilateral que los trabajadores cobraran sus salarios con el sistema de tarjetas. Además, la bancarización todavía no es una práctica habitual para el pago de los salarios. Si no, pregúntenles a los trabajadores rurales», enfatizó el legislador.

La iniciativa propone que los empleadores deban indemnizar al trabajador en caso de robo -devuelvan el monto total robado- y se hagan cargo del valor del seguro contra robos de las cajas de ahorro -estimado en 4 pesos por cada empleado-. No sólo eso, la polémica norma también establece que la protección del trabajador se extienda en un radio de cien metros del cajero automático que utilizó.

El proyecto no sólo pone en situación de indefensión a las empresas y hasta podría espantar la contratación de más personal, sino que contradice el principio lógico, según el cual el depósito de los haberes en el banco -en vez de entregar las sumas de efectivo en mano o cheque- les da más seguridad a los trabajadores.

  • Señales claras

    Sin embargo, para Nemirovsci y Recalde, la bancarización de los salarios, lejos de generar seguridad para los trabajadores, los deja expuestos a todo tipo de uso ilícito de las tarjetas, desde duplicaciones (los famosos casos de las « tarjetas mellizas») hasta robos e incluso secuestros extorsivos.

    «Es preciso que el empleador se haga cargo del riesgo que corren los asalariados cuando van a un cajero automático», dijo Nemirovsci y señaló que «aquí lo importante es dar señales claras de protección a los más postergados».

    No es éste el único proyecto ligado a los cajeros automáticos impulsado desde el oficialismo. Ayer, estuvo a punto de aprobarse en la Cámara baja -finalmente, pasó para la sesión del 27- un proyecto del chubutense Roddy Ingram para prohibir en todo el país el funcionamiento y la instalación de cajeros automáticos dentro de los casinos, bingos y salas de juego. El proyecto de un plazo de 90 días para remover estas bocas de expendio de efectivo amenaza a los locales que no acaten sus disposiciones con « apercibimientos, multas y hasta la clausura de los establecimientos».
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