La reducción en el precio de una (hasta ahora al menos) hipotética «canasta de productos básicos» podría rondar 10% sobre los niveles actuales, si gobierno y productores se ponen de acuerdo en la duración del convenio que atará a ambas partes. Esa reducción provendría básicamente de un recorte a la mitad de la alícuota del IVA que pagan los insumos de esos productos. A cambio, los industriales deberán comprometerse a mantener los precios de esos ítem durante un lapso que duraría al menos hasta mayo próximo.
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En este sentido, durante una reunión celebrada ayer por la mañana entre representantes del sector molinero y funcionarios del área económica, los empresarios pidieron que se dé a las harinas de uso industrial (las que se utilizan para fabricar pan) el mismo tratamiento otorgado a la producción de granos, es decir, que esas harinas paguen 10,5% en lugar de 21% por el IVA. Esa reducción se trasladaría a los precios, de ahí la rebaja proyectada en los valores de venta al público.
La solicitud habría sido bien recogida por la gente de Roberto Lavagna, que planteó a cambio la necesidad de establecer la mencionada «canasta popular», con productos básicos destinados al consumo de los sectores de menores ingresos. «Esa canasta sería el complemento lógico de los planes Jefas y Jefes de Hogar», arriesgó el funcionario de mayor rango presente en el encuentro de ayer. En ella se incluirían algunos tipos de pan y galletitas, en lo que hace al sector entrevistado ayer, más algunas clases de leche, yogures, quesos, carnes y verduras. «Pero todavía no está definido ni mucho menos qué productos estarán en esa canasta», dijo uno de los participantes del encuentro.
El reclamo de los molineros -que vienen pidiendo un tratamiento similar al de los granos desde hace largo tiempo-se basa en el hecho de que, en la actualidad, la evasión sólo en el sector que produce harina rondaría 40%. El argumento que llevaron ayer al Palacio de Hacienda fue: «Las empresas que cumplimos con nuestras obligaciones fiscales en forma iremos desplazando de manera gradual a los que evaden o trabajan totalmente en negro. Y éstas, además, tendrán menores estímulos para evadir. Por consiguiente, la recaudación no sólo no se resentirá, sino que podría subir de manera significativa».
El gobierno quedó en estudiar la cuestión, aun cuando los molineros ofrecieron como argumento lo sucedido con la carne, que tributa 10,5% desde 1998, y cuyo aporte al fisco creció a pesar de la reducción de la alícuota.
La de ayer fue la segunda reunión mantenida por funcionarios de Economía con sectores de la alimentación: el viernes ya lo habían hecho con los productores de lácteos, a pesar de que ese mismo día una de las líderes de la industria ( La Serenísima) había anunciado fuertes incrementos en todas sus líneas de productos. La empresa de la familia Mastellone justificó la suba en la caída de la producción láctea y la reducción de los márgenes por imposibilidad de trasladar todo el aumento de la leche en tambo al precio final.
•Precios consensuados
En ambas ocasiones los enviados de Lavagna se esmeraron en resaltar que el equipo económico no apuntaba a conformar la canasta por temor a un brote inflacionario, sino para aliviar la situación de los sectores de menores ingresos. También enfatizaron que no había ninguna intención en el gobierno de fijar precios máximos o controles sobre los mismos. «La idea es cerrar con ustedes un acuerdo similar al que hicimos con las petroleras y los combustibles: establecer precios consensuados durante un período a convenir, y respetarlo», dijeron.
Sin embargo, una alta fuente de la industria alimentaria -que no fue aún convocada a este incipiente consenso-dijo que «a Lavagna le gusta agitar el fantasma de los precios máximos para tratar de evitar cualquier atisbo inflacionario. Si hubiera inflación y el dólar permaneciera quieto, el tipo de cambio real (es obvio) bajaría, y esto es algo que el gobierno no está dispuesto a permitir que suceda».
¿Qué pasará con la sorda «guerra» que viene enfrentando a productores y supermercadistas desde hace años? Los molineros y la industria láctea admitieron que «en muchos casos, nuestros productos se venden a márgenes mínimos o incluso con rentabilidad negativa». Pero aseguran que los productos de la «canasta» que se proyecta podrían contribuir a atraer más gente a las góndolas. «A ellos no sólo se les cayeron las ventas, sino también la cantidad de gente que va a las bocas de venta; los productos básicos a precio reducido serán un imán que los ayudará a recuperar clientes», aventuró uno de los participantes en la reunión de ayer.
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