4 de mayo 2005 - 00:00

Por la crisis, Italia se queda sin sus marcas emblemáticas

En Italia la tradicional marca Lamborghini hace ya un tiempo que ha cambiado de manos. Lo mismo sucedió con otras empresas históricas de ese país.
En Italia la tradicional marca Lamborghini hace ya un tiempo que ha cambiado de manos. Lo mismo sucedió con otras empresas históricas de ese país.
La crisis política que está viviendo estos días Italia, con la dimisión de los ministros centristas y la debilidad creciente del primer ministro, Silvio Berlusconi, no es más que el reflejo de un malestar económico que atraviesa todo el país. Italia es el único país entre las grandes economías de Europa cuya producción industrial lleva tres años seguidos en recesión. También es el único lugar en el Viejo Continente donde se registra un descenso del consumo alimentario. Es decir, hay un problema simultáneo de debilidad en la oferta productiva y de retroceso en la demanda, incluso de los bienes más elementales.

Como si no fuera suficiente, Bruselas amenaza con llevar adelante un procedimiento de sanciones por déficit excesivo. El gobierno parece acorralado tanto por los empresarios como por los sindicatos. El estado de salud de las finanzas es el tema que domina en la mayoría de los programas de televisión, mientras que los diarios no cesan de recibir cartas de lectores que explican lo difícil que lo tienen para llegar a final de mes.

La reciente opa lanzada por el BBVA sobre la BNL es sólo la punta de un iceberg de un sistema económico que tiene dificultades para enfrentarse a la competencia global. Italia ha pasado de ser un país conquistador a una tierra de conquista.

Ejemplos, en este sentido, no faltan. El más reciente es del operador de telefonía móvil Wind, que está a punto de caer en manos de un empresario egipcio, Naguib Sawiris. Pero hay más. Las bicicletas Bianchi son suecas. El lujo de Gucci es francés. La pasta Buitoni es suiza. Los coches Lamborghini son alemanes. La bebida Martini e Rossi es estadounidense. La cerveza Peroni es sudafricana.

Estas empresas necesitaban capitales para crecer, que la industria italiana no ha sido capaz de proporcionarles. Ahora bien, también ha habido empresas italianas que han ido a comprar al extranjero, pero la balanza está desequilibrada. Luciano Gallino, profesor de sociología y autor del libro «La desaparición de la Italia industrial» declaraba en una revista, citando el caso de Parmalat, que «el verdadero problema es que los extranjeros vienen a Italia a comprar bancos. Nuestros empresarios como mucho compran granjas de vacas en América latina».

• Atracción

«El interés de los extranjeros para las marcas italianas no es un fenómeno negativo. Significa que Italia es capaz de atraer capitales», sostiene un consultor. Pero queda el hecho de que las firmas italianas no demuestran la misma agresividad.

Guido Rey, ex presidente del Instituto de Estadística y profesor de política económica en la Universidad de Roma Tre cree que esto se debe a un problema de tamaño, pero también cultural. «En Italia, el potencial financiero se ha fragmentado y dispersado entre familias. Para que las empresas italianas sean más internacionales se necesita también invertir en relaciones.

Y a nosotros nos falta una mentalidad multinacional. Cuando vamos al extranjero recibimos una paliza.»

El modelo de los distritos industriales, redes de pequeñas y medianas
empresas especializadas en un producto, que hizo la fortuna de Italia en las décadas anteriores, atraviesa momentos de dificultad. Según el sindicato CISL, en el último año el número de las empresas en dificultad se ha incrementado 40%. la competencia del Este y las copias ilegales están golpeando el sistema.

Paolo Garonna, director del servicio de estudios de la patronal Confindustria, explica que «a diferencia de las recesiones anteriores, esta vez hemos tenido un euro que se ha reforzado, cuando antes estábamos acostumbrados a tener una lira débil y a
devaluar para relanzar las exportaciones. El sector del «made in Italy» de los muebles, del calzado, de las maquinarias ha estado muy expuesto. El tamaño pequeño de nuestras industrias indudablemente es un obstáculo al crecimiento».

Para Rey, hay que actualizar el modelo. «El problema es que ya no existe la empresa líder que se hacía cargo de las demás porque ésta ahora deslocaliza al extranjero para ahorrar costos. En los distritos tenemos aún una visión de fábrica, pero no de mercado.»
Según la consultora IDC, 20% de las empresas italianas ya ha empezado a deslocalizar la parte alta de la producción. Para el sindicato CGIL, «las grandes empresas son las que tienen que impulsar el desarrollo del sector terciario avanzado. Pero si ellas empiezan a faltar, todo se hace más difícil».

• Pesimismo

Muchos expertos creen que Italia debería apostar por la innovación. Pero queda mucho por recorrer. Sergio de Julio fue presidente de la Agencia Espacial Italiana entre 1996 y 2001; opina que en la tecnología la situación es incluso peor. «La inversión del Estado en investigación y desarrollo es ridícula. Las grandes industrias están desapareciendo, cuando son ellas las que más invierten en tecnología. Además, no hay interacción entre empresas y universidades. «Las grandes familias, como Benetton y Agnelli, optaron por invertir su liquidez en sectores con poca innovación, como autopistas y electricidad», comenta un consultor.

Preocupa también la situación de las familias, pese a que el gobierno recortó impuestos para favorecer el consumo. Según el instituto para
ICU, los gastos bajaron en los últimos tres años 4,5%, mientras que los hogares con pocos ingresos se ven obligados a pedir préstamos. El endeudamiento de las familias italianas ha alcanzado los 290.000 millones de euros, el nivel más alto en 40 años. Fulvio Fammoni, secretario confederal de GGIL, recuerda que en Italia cada vez cuesta más hacer cuadrar los presupuestos. De hecho, «en la cuarta semana del mes se reducen los gastos en los supermercados por falta de dinero», afirma.

Italia se enfrenta así a una paradoja. En los últimos meses ha bajado el desempleo pero no ha aumentado el empleo. «Esto se explica porque 25% de la economía es sumergida. Y este porcentaje se ha incrementado en los últimos años debido a que el trabajo es precario y mal pagado», dice Fammoni.

¿Conseguirá Italia remontar el vuelo? Fulvio Fammoni señala que el sur del país sigue siendo una asignatura pendiente. «El 'Mezzogiorno' en 2007 va a perder los fondos estructurales. Y sin tener en cuenta el tema, aún sin solucionar, de la ilegalidad», dice. Garonna, en cambio, afirma que «las multinacionales de bolsillo italianas aún tienen algo que decir. En el pasado Italia ya superó grandes dificultades. Es aún un país vital. Cada año nacen nuevas empresas a un ritmo comparable al de EE.UU.» Guido Rey también tiene esperanzas y recuerda que los italianos poseen muchos recursos. «Somos así. Necesitamos que alguien nos apriete para sacar lo mejor, pero al final lo logramos.»

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