El consumo de cigarrillos en la Argentina muestra, pese a fluctuaciones, un leve crecimiento.
Las tabacaleras estiman que la medida no va a afectar el consumo sino cambios de hábitos.
La nueva ley porteña que restringe la posibilidad de fumar en la mayoría de los bares y restoranes de la Ciudad de Buenos Aires comienza a afectar la venta de cigarrillos. Los quiosqueros aseguran que en la primera semana de vigencia, todavía no se sintió el impacto, pero que en el mediano plazo sucederá como cuando el precio de los atados aumentó: habrá una pequeña baja (inferior a 10%) y rápidamente una recuperación. Las principales tabacaleras del país en cambio, señalan que habrá sólo una modificación en los hábitos de los fumadores pero que se mantendrá el nivel de consumo.
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En la Argentina se venden unos 170 millones de atados de cigarrillos por mes. Es decir, que se fuman unos 112 millones de cigarrillos por día. Es uno de los países con un índice de fumadores más alto de Latinoamérica: cerca de 40% de los argentinos fuma y la tendencia va en alza.
Ya desde el 1 de junio no se podía fumar en bares, restoranes y en ningún espacio cerrado de Córdoba. Rosario siguió los mismos pasos y desde hace un mes tampoco se puede fumar en los lugares públicos. Se trata de la segunda y tercera ciudad más populosa de la Argentina y, sin embargo, las ventas de cigarrillos no disminuyeron según los datos oficiales. Mientras que en julio se vendieron 156 millones de atados de veinte cigarrillos, en agosto fueron 168 millones.
A sólo una semana de que la Capital Federal repitiera la experiencia de esas ciudades, todavía no hay cifras oficiales. Pero en una recorrida por quioscos que realizó este diario pudo confirmar que las ventas continúan en los mismos niveles que antes de entrar en vigencia la ley aunque los dueños de los locales no descartan bajas.
En un concurrido quiosco, en la esquina de Cabildo y Juramento, explican que no hubo ninguna variación en la venta de cigarrillos. «Este es un quiosco de paso, pero también de clientes fijos, muchos de ellos trabajan en locales u oficinas de la zona. Todos siguen comprando la misma marca y cantidad de cigarrillos de toda la vida», explicó el responsable, aunque advirtió que el cliente de paso puede cubrir la ausencia de uno tradicional evitando que se note la baja en las ventas. Coincidió con esto un vendedor del quiosco central de la estación de ferrocarril de Retiro: «La gente no puede fumar en el tren desde hace mucho tiempo y lo que hace es esperar a que se abran las puertas e inmediatamente fumar el cigarrillo que hubiera encendido dentro del vagón si se permitiera. Acá no se vendió ni un paquete menos», explicó.
Suerte diversa
Según Vicente Lourenzo, de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, tienen diferente suerte los comercios con distintas características. «Algunos socios de CAME que tienen quioscos con venta intensiva de cigarrillos dicen que prevén que las bajas en las ventas sean entre 10% y 15%. Pero los que tienen más diversificada la mercadería sufren un impacto mucho menor», aseguró a este diario.
Eduardo Medaglia, presidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), dijo a Ambito Financiero que si bien todavía hace muy poco tiempo que rige la nueva norma, no se vio un impacto en las ventas de cigarrillos. «Creemos que sucederá lo mismo que pasó cuando el precio de los atados subió. En el corto plazo hay una muy leve baja del consumo y rápidamente vuelve a subir y se mantiene en una meseta», explicó.
Desde Nobleza Piccardo explican que entonces lo que sucederá entre los fumadores porteños es simplemente un «cambio de hábito de consumo». Dicen que esta nueva tendencia en el mundo que restringe los espacios para fumadores no disminuyó las ventas sino que creó la nueva modalidad de «puertas afuera».
Esta compañía posee un estudio que muestra que en Irlanda, uno de los pocos países en donde desde el año pasado está totalmente prohibido fumar en cualquier lugar cerrado (ver recuadro), aumentó 1% la cantidad de jóvenes que fuma.
Desde Massalin Particulares, en cambio, prefieren no aventurar proyecciones. «Lo que sucede en otros países tiene que ver con distintos contextos socioeconómicos y culturales y no pueden compararse a la Argentina», indican.
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