Mientras el vocero presidencial sacaba del pasado una frase desgraciada «la casa está en orden» el ambiente bursátil se iba a sus hogares no ya con incertidumbres sino, lo que parecía, pero, con muchas certidumbres sobre el discurso por la noche y sus probables repercusiones políticas y sociales.
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El día no pudo otorgar un marco adecuado favorable, sumó 2 por ciento a la muy negativa semana y acumuló 7,2 por ciento para el total de las ruedas.
Estuvo en línea con el Dow Jones, los más humoristas advertían que «los arrastramos nosotros...». El Bovespa se colocó con mejor saldo, 5,5 por ciento de caída en el período, pero el viernes los demás emergentes se movieron mejor que el Merval.
La bisagra
Nada será igual a partir de hoy en el escenario, dentro del recinto del viernes nadie tenía más que desconcierto frente a la realidad.
La sensación de un mercado flotando, sin parámetros para dar valuaciones, es lo que quedaba en pie. Una tendencia al garete y que enfrenta un panorama mundial de flojedades, más las horas más difíciles del actual gobierno local.
Una aleación que promete adrenalina y transpiración, antes que espíritus distendidos y esperanzados.
Para seguir atentamente aquello que se vaya reflejando en los paneles, hoy en día más comandado desde afuera que desde adentro.
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