6 de diciembre 2007 - 00:00

Primer disgusto de Cristina: fracasó con Ley de Emergencia

Fue un día amargo para el matrimonio Kirchner: el Senado le dio la espalda y no pudo aprobar las dos leyes más importantes que Cristina tenía allí en espera. Los conflictos en el recinto abundaron, desnudando las pujas que ya carcomen al bloque oficialista. Quedaron en el camino la votación de la estratégica Ley de Emergencia Pública, con la que la presidente electa no se quería ensuciar las manos en el inicio de su mandato, aunque sí utilizarla para renegociar por varios años más tarifas y contratos con empresas privatizadas. El kirchnerismo no pudo tampoco aprobar la continuidad del impuesto al cheque, por lo que comenzará Cristina de Kirchner su mandato contra reloj. Ni siquiera alcanzó con que la propia presidente electa citara a la Casa Rosada a los jefes de sus bloques en el Senado y Diputados para que cesaran las internas palaciegas entre cámaras que la dejan expuesta ante los medios: ayer, al kirchnerismo no le alcanzaron los votos para aprobar ninguno de los dos temas. Deberá hacer otro intento antes de fin de año para sancionar esas leyes. Ni siquiera la aprobación del poco útil Presupuesto 2008 fue tranquila para el gobierno. Además de los conflictos con la emergencia pública, salió a la superficie en el recinto otro episodio que involucra el escándalo con el Grupo Greco, originado en un proyecto que instrumentó Felisa Miceli, pero que también habían firmado Alberto Fernández y Néstor Kirchner y que estalló en también por esta época pero en 2006.

En el bando oficialista, Miguel Angel Pichetto preocupado porlas consecuencias que tendrá por no haber logrado quórum.
En el bando oficialista, Miguel Angel Pichetto preocupado por las consecuencias que tendrá por no haber logrado quórum.
El gobierno no pudo aprobar ayer en el Senado la ley de prórroga de la Emergencia Pública, por lo que ahora deberá votarse cuando Cristina de Kirchner haya asumido la presidencia. El kirchnerismo no consiguió reunir ayer el número necesario en el recinto de esa Cámara para votar el proyecto, ni siquiera cuando por la mañana la propia presidente electa había pedido acelerar el trámite y terminar con el escándalo que se generó en el Congreso con esta iniciativa. Ahora, deberá pasar la asunción presidencial y constituir el nuevo Senado, emitir otra vez el dictamen de comisión para volver a hacer otro intento.

Todo estaba previsto para sancionar ayer el paquete de leyes con que Cristina de Kirchner iniciará su mandato: el Presupuesto 2008, la Ley de Ministerios, la prórroga de la vigencia del impuesto al cheque y el especial sobre cigarrillos, y la Emergencia Pública. Con esa votación se terminaba el año legislativo y sólo quedaba esperar a la asunción del nuevo gobierno. Pero no pudo ser.

Cristina de Kirchner no quería más problemas con la Ley de Emergencia. El escándalo en Diputados, donde la ley sí se aprobó pero forzando la presentación de un nuevo proyecto allí -similar al que el propio gobierno llevó en el Senado-el martes pasado había sido suficiente.

Convocó entonces a su despacho en la Casa Rosada a Agustín Rossi, el jefe del bloque oficial en Diputados, y a Miguel Pichetto, su símil del Senado.

Rossi entró allí como quien había conseguido la votación de la Emergencia, pero a un costo público demasiado alto al presentar un proyecto que duplicaba lo que ya estaba tratando el Senado. Pichetto, como quien no había podido reunir el número suficiente para sancionarla una semana antes y esa misma tarde debía realizar otro intento, el último antes de la transmisión del mando.

En el medio, Cristina de Kirchner había convocado a Alberto Fernández, quien desde ese momento pasaría a ser no sólo el coordinador de la tarea legislativa entre los dos poderes, sino el único nexo habilitado. El nuevo esquema de trabajo se lo explicó la propia senadora, pero no pareció haber surtido efecto en la sesión de ayer.

La reunión se publicitó luego como un amable cruce de opiniones sobre el futuro de la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, pero en realidad estuvo mechado de retos. Tanto que se decidió mantener el encuentro en secreto, hasta tal punto que Rossi no lo reconoció hasta bien entrada la tarde de ayer, cuando Pichetto ya había hablado largamente de la reunión, aunque sin precisar los temas tratados.

  • Conflicto

    «No quiero salir más en los diarios por esta cuestión», habría sentenciado la presidente electa ante sus jefes de bloque. El conflicto le había estallado justo a ella, que hasta durante el mandato de su marido se abstuvo de votar las prórrogas de la Emergencia Pública que creó Eduardo Duhalde. Para peor, le tocaba asumir la presidencia con la polémica por esa ley instalada en los medios todos los días. Pasó a ser una anécdota, entonces, si Cristina de Kirchner quería o no poner su firma para promulgar la vigencia de esa norma. Pichetto esa misma tarde debía garantizar que la Emergencia se prorrogara no sólo para que el nuevo gobierno tuviera los poderes para renegociar los contratos de concesión de servicios públicos -donde el principal tema siguen siendo las tarifas-, sino también para que no volvieran a entrar en vigencia los contratos que rigieron antes de enero de 2002, cuando entró en vigencia esa ley de excepción. Con esa orden y prometiendo no generar más conflictos entre ambas Cámaras, ambos volvieron al Congreso.

    Pero la sesión en el Senado no comenzó bien. Los días de final de mandato no son buenos para sancionar leyes: los senadores y diputados que se retiran ya no prestan la misma colaboración que en otros momentos, más cuando quedanafuera del esquema de gobierno.

    Por eso el recinto se convirtió en un pandemonium para Pichetto. De su bloque, la formoseña Adriana Bortolozzi estaba enferma, la jujeña Liliana Fellner ausente por problemas personales, Vilma Ibarra estaba jurando como diputada en el recinto vecino, igual que el salteño Marcelo López Arias. Un aliado incondicional de Cristina de Kirchner, el cordobés Roberto Urquía, al parecer se había demorado en un avión, y el neuquino Sergio Gallia, el santiagueño Mario Mera y el tucumano Julio Miranda directamente no fueron. Para peor, justo cuando se iniciaba la votación para habilitar el debate sobre la Emergencia Pública, Carlos Reutemann desapareció del recinto. Ninguna de esas ausencias fue casual. Menos la de Reutemann, que desde hace una semana está enfrentado como nunca con Rossi en Santa Fe porque éste no sólo desafió su poder sobre el PJ provincial, sino que también, habiendo perdido la interna, consiguió poner a un hombre suyo, Luis Rubeo (hijo), como presidente del bloque de diputados en la Legislatura local. Y, para peor, en alianza con Jorge Obeid.

    Cuando llegó el momento de iniciar el debate, la inclusión de la Emergencia se sometió a votación. El kirchnerismo necesitaba entonces los votos de los dos tercios de los miembros para habilitar en el recinto el proyecto que el martes habían votado los diputados.

    La derrota del oficialismo fue inapelable: si bien ganó la votación, el kirchnerismo no llegó a los dos tercios necesarios y la Emergencia Pública quedó postergada. Ni los radicales presentes en el recinto podían creer semejante victoria en el tema más espinoso que el gobierno tiene en debate en el Congreso.

    La prórroga de la Emergencia Pública deberá esperar ahora, al menos hasta el próximo miércoles, cuando ya habrán asumido los nuevos senadores. Pichetto deberá entonces constituir la Comisión de Presupuesto y Hacienda, que ya no estará presidida por Jorge Capitanich, sino por el cordobés Urquía. Hará falta emitir un nuevo dictamen y bajar el proyecto el miércoles al recinto, donde una vez más el kirchnerismo deberá reunir los peligrosos dos tercios de los votos para tratarlo. Por eso la fecha real para aprobarla podría no ser el 12 de diciembre, sino el 19, cada vez más cerca del día de vencimiento de la ley.
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