Qué es lo que se hace hoy en el Banco Central
Importantes definiciones dio sobre los planes para el Banco Central su titular, Alfonso Prat-Gay. Fue durante un almuerzo de la Fundación Mediterránea en la que se explayó sobre todos los temas, desde el valor del dólar hasta los instrumentos que opera para impulsar la economía. A continuación, la primera parte de su exposición:
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Aquellos períodos en los que se abusaba de la política monetaria, que estaba al servicio de una cantidad de otras cosas que tenía poco que ver con la Carta Orgánica, eran de total discrecionalidad. La emisión monetaria era una forma de cubrir una cantidad de otras cuestiones que no se podían cubrir desde otro lugar. Quizá también, por falta de instrumentos en otras áreas. Se sabe muy bien cómo terminó ese ejercicio de discrecionalidad total. Primero, con inflación muy alta y, even-tualmente, con hiperinflación. No nos sorprende, pero sí de alguna manera nos avergüenza, el mirar las estadísticas y ver que la Argentina es un país que ha sido campeón de la inflación durante los años '80 y los '90. Creo que hay sólo uno o dos países que nos han superado en ese rubro.
Lo curioso es que, como consecuencia del proceso opuesto, también hemos terminado siendo campeones de la deflación. Hay pocos países que en la historia reciente han tenido deflación durante un período tan prolongado como la Argentina a partir de fines de 1998 hasta principios de 2002. Eso fue resultado de una política monetaria que era exactamente lo opuesto: se renunció a la política monetaria, y la discrecionalidad no era total, sino cero. Y entonces, en vez de ser campeones de la inflación, pasamos a ser campeones de la deflación.
• Incentivo
Si uno mira la historia del Banco Central de la Argentina que, fundado en 1935, lleva casi 70 años de funcionamiento, solamente hubo diez años durante los cuales la inflación estuvo entre 0% y 5%, una inflación parecida a lo que se denomina estabilidad de precios. De esos diez años, en uno solo hubo flotación cambiaria... Adivinen a qué año me estoy refiriendo.
Entonces, la historia, de alguna manera, nos condena, pero no nos tiene que atar las manos. Al contrario, nos tiene que incentivar a tratar de cambiar las cosas y nos tiene que mostrar los caminos que no tenemos que transitar. Y un camino que no deberíamos volver a transitar nunca es el camino de no animarnos a usar los instrumentos que tenemos. Esto es algo que en algún momento de nuestra historia se usó como excusa para pilotos automáticos y otras cosas por el estilo.
Me quedo con el ejemplo del médico que estudió toda la vida su profesión y que en esta analogía se cruzaría de brazos ante un paciente, simplemente por el riesgo de equivocarse y no curarlo bien. La obligación que tenemos como economistas y como funcionarios públicos es hacer un uso adecuado de los instrumentos con los que contamos y recuperar los que no tenemos para darle a la gente un mejor nivel de vida.
Y acá viene a la mente una crítica de un economista muy famoso que, cuando criticaba el patrón oro, se refería a los funcionarios que empujaban ese mecanismo como pertenecientes a una «reliquia barbá-rica» porque tenían todos los instrumentos, tenían todos los conocimientos, pero se reprimían de utilizarlos.
Lógicamente que éste es un objetivo mucho más ambicioso. No sólo el de recuperar los instrumentos que todavía no tenemos, sino el de comprometerse a utilizarlos y, por qué no, el hecho de arriesgarse a equivocarnos cuando los utilizamos. Pero en eso estamos. Esa es nuestra intención desde el Banco Central: recuperar la política monetaria para ponerla al servicio de todos los argentinos, no necesariamente de algún sector en particular. El único objetivo que debe tener una política monetaria es el crecimiento duradero, sostenido y equitativo.
Déjenme que les hable un poco de los resultados. Empezando por esta idea de tener o no tener los instrumentos, de ver qué tan grande es el kit de herramientas que tenemos hoy los funcionarios públicos para poner al servicio del bien común. Hoy la Argentina cuenta con una situación, desde el punto de vista de la combinación de sus políticas, que no tenía hace mucho tiempo. Contamos con una política fiscal contractiva, en el sentido de que estamos con un superávit primario récord, que la Argentina nunca tuvo. El ministro de Economía anunció hace unos días los números de marzo. Ya sabemos que los de febrero estaban para cumplir la meta de todo el trimestre, y los de marzo no anduvieron demasiado lejos. Esto no hace más que reforzar lo que ha sido la tendencia de los últimos trimestres.
Desde el punto de vista monetario, la contracara de la política fiscal contractiva es una política monetaria expan-siva. Cuando miramos el pasado, una política de ese tipo era el prolegómeno de un problema de inflación. Nosotros vemos la política monetaria expansiva, que se refleja en tasas de interés muy bajas, como la respuesta apropiada, no solamente a la situación del ciclo económico, sino también a la combinación de todas las políticas macroeconómicas. Combinándose con esta política fiscal contractiva y la política monetaria expansiva, no como un objetivo en sí, sino como el resultado de la interacción entre las dos, tenemos un tipo de cambio real competitivo y estable. Tenemos una moneda que hoy, comparada con sus socios comerciales, ha logrado mantener la competitividad que recuperó a la salida de la devaluación.
• Combinación
Fíjense qué distinto es esto de algunas situaciones que hemos tenido en el pasado en la Argentina y algunas situaciones que hay hoy en el resto del mundo. De 1998 a 2001 teníamos todas estas políticas apuntando en una misma dirección: teníamos una política fiscal contractiva, que era la respuesta a los ajustes que había que hacer y que no alcanzaban. Teníamos una política monetaria muy contractiva a través de un esquema de tipo de cambio fijo que hacía de polea de transmisión para la salida de capitales. Y teníamos una política cambiaria, heredada por la fortaleza del dólar, también muy contractiva. Entonces, todo apuntaba en la misma dirección, y así fue como no funcionó del todo bien.
En cierta medida, esta combinación de políticas contractivas de 1998 a 2001 fue la contracara y, en alguna medida, la consecuencia, del efecto contrario registrado entre 1991 y 1997, donde tanto la política fiscal como la política monetaria y la política cambiaria resultaron ser tremendamente expansivas. Estos son los ciclos de euforia y depresión que tenemos que evitar, teniendo los instrumentos y animándonos a utilizarlos. Hablando de quién los utiliza hoy, hablé de Estados Unidos, donde tanto la política fiscal como la política monetaria están apuntando en la misma dirección: muy expansivas. Esto sabemos que no es sostenible en el tiempo, como tampoco lo es el efecto contrario de políticas monetarias y fiscales muy contractivas, que está a la vuelta de la esquina, en el caso de Brasil. Entonces, cuando los instrumentos no se usan o cuando se abusa de ellos, vienen los problemas.




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