¡Que suerte tiene este gobierno...!
No deja de decirse que el gobierno de Néstor Kirchner tiene una suerte sin antecedentes en la política argentina. El economista Ricardo Arriazu calculó que un sector externo tan favorable como tiene este gobierno desde mayo del año pasado no se daba en el país desde hace 50 años, en 1953, con Juan Perón (y no contempló Arriazu el ingreso por las retenciones al petróleo que se dio luego). Tanta suerte hace que Roberto Lavagna parezca un buen ministro de Economía (algo que ni el renunciante Alfonso Prat-Gay suponía), que se crea que la economía funciona y tiene futuro aunque esté asentada en subsidios generalizados, que el Presidente se pueda dar el lujo de disponer millones de pesos para un gusto personal como es hacer funcionar los innecesarios trenes de larga distancia. Mucho más, pero hay algo que lleva la suerte no al año 1953 sino quizás a la dorada época de 1880 a 1930. Cuando Lavagna lanza su oferta a acreedores por el default privados, la tasa de interés de Estados Unidos (línea azul) estaba en plena alza. Por tanto, los bonistas la rechazaron ofendidos en junio pasado comparándola con otros rendimientos que podían percibir. Pero desde ahí, punto rojo en el gráfico, la tasa norteamericana se derrumba, y hoy hasta la magra oferta argentina de refinanciación aparenta ser tentadora. Sobre todo porque al caer la tasa de largo plazo en Estados Unidos tampoco nadie avizora un buen rendimiento futuro. ¿Cómo se llama tanta suerte pese a un no correcto manejo económico...?
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• Los analistas de Wall Street estiman que los rendimientos de los títulos argentinos tras la oferta -así tenga una aceptación de 50% o 70%-estarán entre los que hoy tienen Brasil y Ecuador. El nuevo riesgopaís, indicador que no es del agrado de Lavagna pero que sigue siendo referencia obligada a inversores, se ubicaría cerca de los 1.000 puntos.
• El costo hoy de mejorar la oferta para el gobierno es mucho menor al que tendría que asumir en caso de que la misma sea un fracaso (menor a 60% de aceptación). Subiendo ligeramente la tasa que darán los nuevos títulos, acortando su plazo de pago, o algo de efectivo (menos que hace 90 días), se cierra exitosamente la operación. Si fracasa, claramente tendrá un mayor costo no sólo por el monto de los juicios abiertos sino también por la mayor tensión con el FMI.
• Así como la oferta de Dubai fue difusa, no fue muy precisa la de Buenos Aires del 1 de junio. Por eso es que deja abierta la posibilidad para que, con algún retoque de tasas y menores plazos de pago, se pueda acrecentar el valor de la oferta. Un endulzante o dinero en efectivo a los acreedores que la acepten ahora es mucho menos probable aunque hay chances de disfrazarlo (siempre se menciona que esté camuflado dentro del premio a pagar por la suba del PBI).



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