Nada por aquí, nada por allí, bastante feo otra vez por Wall Street, con los mexicanos en posición endeble. Solamente había una locomotora de donde enganchar el vagón y ésta se llamó ayer Bovespa. Los vecinos se mostraron alcistas durante toda la jornada, ganando cerca de 2,5 por ciento, en tanto que en el recinto local se vivían dos tiempos -o tres tiempos- bien remarcados. Lo mejor era que no se volvía a perforar el piso anterior, el terreno sólido surgía en los «503» del Merval, y esas piruetas sobre el alambre de los «500» parecían con intenciones de devolver la vertical al equilibrista de febrero.
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Hasta cerca del final no había demasiado para destacar, salvo un signo positivo leve. Pero, bastó que aparecieran las órdenes «tácticas», jugadas a papeles clave, para que en los minutos de la despedida el índice registrara un recupero superior a 1 por ciento en sus dos versiones. Con epicentro en papeles como Siderca, lo mejor en precios, y la actividad de Pérez Companc -casi 2 millones de pesos- se conquistó al día, aunque con marco todavía reducido de negocios. De los 17 millones de pesos y algo más, solamente unos $ 13 millones fueron para especies locales. Muy poco como respaldo, suave como ritmo, con numerosos lunares operativos. Y con tal base, un mercado que debe atenerse a cualquier cambio imprevisto. Como ayer. Veremos hoy.