Fernando de la Rúa se reunirá hoy con sindicalistas y empresarios. Llamará a un nuevo diá-logo social, pero el motivo central del encuentro será dar una excusa a la CGT para que retire el pacto convocado para el 1 de marzo. Cobrarán $ 37 millones (piden otros $ 150 millones más), que utilizarán en abril para organizar una medida de fuerza más importante. Sería cómico si no fuera tan nefasto para un país con los gravísimos problemas que hoy presenta la Argentina.
Quienes creen que Fernando de la Rúa carece de audacia deberían revisar ese juicio a partir de hoy. El Presidente se arriesgará a poner de nuevo en escena la obra de teatro que más perjuicios le ocasionó en lo que va de su mandato. Al cabo de casi un año, a las 18 volverán a entrar a la Casa de Gobierno -lo adelantó este diario-los jerarcas de la CGT dialoguista con los que el gobierno pactará nuevamente el levantamiento de un paro que esos mismos sindicalistas están deseando no hacer. En marzo del año pasado, De la Rúa acordó la reforma laboral con los mismos dirigentes a los que unos días antes, encuesta en mano, había descalificado. No hace falta decir la serie de episodios que se abrió con ese arreglo: sospechas de pago de sobornos a los senadores, alejamiento de Carlos Chacho Alvarez, crisis de gabinete (con la renuncia de Alberto Flamarique y Fernando de Santibañes), deterioro económico, polémica judicial y un final abierto, impredecible.
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Igual que en aquella oportunidad, esta vez fueron convocados los empresarios para disimular que en el contrato intervienen sólo dos partes. También como el año anterior, se inaugurará un consejo para discutir un temario económico con los distintos sectores. (A propósito, ¿qué será de la vida de aquel «consenso» que se firmó en aquella oportunidad con signatarios que jamás volvieron a reunirse?)
Salvo que Oscar Lescano y Rodolfo Daer se pongan corbata para ingresar a la Rosada, todo parecerá igual a aquella otra oportunidad. Pero será una imagen falsa, engañosa. No vale la pena citar a Hegel y aquello de que la historia se repite, sólo que la primera vez en forma de tragedia y la segunda como comedia. Del aforismo se cumplió una mitad y hay que acomodarse en la butaca para ver la otra. Por ahora, basta imaginarla.
La reunión de hoy, por más solemnidad que intente aplicarle De la Rúa, será un minué destinado a ocultar que los sindicalistas recibirán del gobierno $ 37 millones. «Es lo que nos corresponde», arguyen los «gordos», cuando se les menciona ese premio. Explican que hubo aportes mal imputados, con destinatario desconocido, que deben ahora repartirse entre todos. Claro, nadie puede explicar por qué recibirán dinero los sindicatos de empresas de las cuales no se puede pensar que hicieron sus contribuciones de manera imprecisa. Por ejemplo: ¿podrán decir los gremialistas de obras sanitarias que hubo meses en que no recibieron aportes de Aguas Argentinas y que, además, no se enteraron? El martes, desde el Ministerio de Salud, le quisieron hacer firmar un decreto a De la Rúa para que convalidara una distribución de dinero hecha con criterio político: lo salvaron Chrystian Colombo y Patricia Bullrich, que rompieron el papel antes de que el Presidente pusiera su firma en un documento que, seguramente, podría ocasionarle en el futuro consecuencias penales. Eso no resolvió la dificultad. En el gobierno no saben todavía cómo repartirán los $ 37 millones sin cometer irregularidades. Más aún, como si se tratara de un almacén de barrio, piensan quedarse con un resto de ese monto «por si aparece algún disconforme a quejarse», como le explicó un integrante del gabinete a este diario. Aparte de estos recursos, la CGT tramita el pago de $ 150 millones adicionales para abonar prestaciones médicas de alta complejidad.
Si con los elementos presentados hasta aquí ya pueden desprenderse varias tramas para una buena comedia, como quiere Hegel, faltan todavía posibilidades más hilarantes. Hay que preguntarse, por ejemplo, qué destino le dedicarán los sindicalistas al dinero que le dará el gobierno. Uno de ellos comentó: «Una posibilidad es usar la guita para organizar un paro como Dios manda». Los funcionarios creen que se trató de una broma pero es porque están desinformados.
Los mismos sindicalistas que saludarán hoy al Presidente estuvieron ayer con Carlos Ruckauf, quien les pidió «moderación en un momento en que hay que colaborar por la situación tan pero tan dramática que vive el país» (en política, como se ve, hay formas de ayudar más dañinas que la obstrucción y el enfrentamiento). Pero Ruckauf no los desalentó a hacer un paro con una gran movilización para el 5 y 6 de abril, como ellos quieren. Durante esos días, Buenos Aires estará abarrotada de funcionarios de toda América: la Ciudad será la sede de una reunión preparatoria de la discusión del ALCA, de la que participarán, además de empresarios de todo el continente, los ministros de Comercio y Economía de todos los países americanos, entre ellos el secretario de Comercio de los Estados Unidos, Donald Evans.
Baja rentabilidad
La rentabilidad del dinero oficial será baja desde el punto de vista político. No conseguirá que se suspendan los paros por un tiempo más razonable; tampoco que la CGT retire de la Justicia los recursos con los que tiene paralizada la desregulación de las obras sociales (aunque la reticencia sindical colabora con el propio gobierno, que teme haber diagramado esa desregulación de manera muy precaria). Los $ 37 millones y los $ 150 adicionales apenas lograrán que el paro se postergue un mes y, eso sí, que De la Rúa pueda llegar en carroza al Congreso el 1 de marzo para inaugurar las sesiones ordinarias. Como si le hubiera restado votos la imagen de un grupo de adversarios que interrumpe el ritual institucional del país. El gobierno no conseguirá siquiera que hoy se siente a la mesa Hugo Moyano, por más que sea uno de los beneficiarios de ese reparto de dinero.
Antes de encontrarse con De la Rúa, los sindicalistas se reunieron con José Manuel de la Sota y con Ruckauf. El lunes piensan retirar la medida de fuerza y el miércoles que viene se encontrarán en el Consejo Federal de Inversiones con todos los gobernadores del PJ (ya resulta políticamente llamativa la manera en que también ellos esquivan a Carlos Menem). Sucede que la CGT, como en tiempos de Raúl Alfonsín, ha comenzado a ofrecerse como una herramienta de la estrategia electoral de todo el peronismo. Esto es lo que desde Olivos no se pudo evitar y ya es tarde para hacerlo. Es lógico, entonces, que semejante suma de dinero, en un momento como el que vive el país, le sirva al gobierno políticamente para tan poco. Por eso es menos lógico que se entregue.
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