10 de marzo 2026 - 14:14

Salarios bajo presión: más de la mitad de los trabajadores se saltea comidas y el 78% compra alimentos de menor calidad

Un informe de la UCA y Edenred reveló que el 83,5% de los asalariados atraviesa algún tipo de vulnerabilidad alimentaria durante la jornada laboral. El fenómeno se profundiza entre jóvenes, mujeres y trabajadores de menores ingresos, y refleja el deterioro del poder adquisitivo.

El salteo de comidas, un indicador del deterioro de los salarios.

El salteo de comidas, un indicador del deterioro de los salarios.

En medio de la pérdida del poder adquisitivo y el alto costo de vida, la alimentación durante la jornada laboral empezó a convertirse en un nuevo indicador del deterioro real del salario. Tal es así, que un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) revela que el 83,5% de los trabajadores enfrentan algún tipo de privación alimentaria durante la jornada laboral, mientras que solo el 16,5% está exento de estas carencias.

La problemática se expresa de distintas formas que van desde salteo de comidas, consumo de alimentos de menor calidad nutricional o ambas situaciones al mismo tiempo. En un contexto donde el salario real sigue presionado por la inflación y el costo de vida, lo que obliga a muchas familias a ajustar incluso gastos básicos vinculados a la alimentación.

Salarios y privación alimentaria: jóvenes y mujeres, los más afectados

Mientras el 61,1% de los asalariados se saltea comidas por motivos económicos, el 78,5% elige alimentos menos nutritivos para abaratar costos durante la jornada laboral, según un estudio conjunto entre UCA y Edenred, basado en 1.171 encuestas a trabajadores asalariados de todo el país.

La situación más crítica se da entre quienes padecen ambas privaciones al mismo tiempo, debido a que el 56,2% de los trabajadores come menos y peor simultáneamente, lo que evidencia un deterioro profundo en los hábitos alimentarios vinculados al empleo.

Esto confirma que hay una relación directa con el ingreso, ya que entre quienes perciben hasta $800.000 mensuales, el 86,7% reconoce que opta por alimentos menos nutritivos, mientras que esa proporción baja al 63,5% entre quienes ganan más de $2 millones. De esta manera, se confirma que la alimentación laboral se volvió otro indicador del deterioro del salario real.

Como entre la privación alimentaria y los ingresos existe una relación directa, los segmentos de la sociedad que menores ingresos perciben también son los más afectados. Se trata de los jóvenes y las mujeres, donde la brecha en el mercado laboral es clara. En el caso de los trabajadores de entre 18 y 29 años, el 70,7% reconoce que se saltea comidas, una proporción significativamente superior a la de otros grupos etarios.

También se observa mayor incidencia entre mujeres y trabajadores no calificados, donde los niveles de doble privación alimentaria superan ampliamente el promedio general.

Asimismo, existe una diferencia más marcada incluso entre sectores de actividad. El sector público presenta mayores niveles de vulnerabilidad alimentaria que el sector privado, según el relevamiento.

El gasto diario reportado en comer dentro del trabajo varía entre: menos de $5.000 (36,1%); entre $5.000 y $10.000 (43,9%). Este segmento es en total un 80% de los trabajadores, mientras que el 12% invierte entre $10.000 y $20.000 y un 8% supera ese nivel de gasto diario.

En ese marco, el 22,6% de los asalariados directamente no come durante la jornada laboral, lo que refleja el grado de ajuste que enfrentan algunos sectores para sostener su ingreso disponible.

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Beneficios alimentarios: desiguales y concentrados

Además, existen beneficios alimentarios otorgados por las empresas, aunque en este punto se detectan grandes desigualdades en el acceso, ya que estos programas se concentran principalmente en empresas grandes, donde se concentran los trabajadores de mayores ingresos, mientras que los sectores más vulnerables suelen quedar excluidos.

En la Ley de Contrato de Trabajo N°20.744 hasta el momento solo estaban contemplados los comedores laborales como beneficio social, que requieren de un espacio dentro de la empresa con cocina. Aunque la reforma laboral agregó la posibilidad de comedores externos en "establecimientos gastronómicos cercanos durante la jornada laboral contratados por el empleador". Como la nueva normativa se promulgó recién en pasado viernes, aún no se pudieron dar precisiones sobre la aplicación de este punto, ya que restan los límites determinados por la Secretaría de Trabajo, dependiente del Ministerio de Capital Humano.

Vale destacar que por los beneficios sociales el empleador no paga de aportes ni contribuciones a la seguridad social, ni se le aplican contribuciones patronales o aportes del trabajador sobre estos conceptos.

Teniendo en cuenta que la mayoría de los trabajadores no posee comedor en el lugar de trabajo, el 80,4% afirma que le gustaría contar con un beneficio alimentario, proporción que asciende al 91,5% entre quienes sufren privación alimentaria.

Para los especialistas, la evidencia muestra que la alimentación durante el trabajo comienza a consolidarse como una dimensión central del bienestar laboral a la vez que también redunda en un beneficio para la empresa, ya que muchas enfermedades se explican por la mala alimentación.

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