No son tiempos fáciles. El miércoles apreciábamos cómo el mercado alcanzaba a cerrar en el máximo del trimestre (una palabra grandilocuente cuando todavía no han pasado ni 20 ruedas), sólo para desplomarse en las dos sesiones siguientes hasta prácticamente rozar los mínimos previos. Por el bien de "los comprados", esperemos esta vez que las cosas no se repitan. La temible posibilidad de que el presidente Bush, continuando con la serie de cuestionables nombramientos que ha impulsado últimamente, designara a quien fuera su tesorero en Texas, era un fantasma que pendía sobre el mercado. El acto de racionalidad que significó optar por el "favorito" del mercado bursátil Ben Bernanke fue recibido con " bombos y platillos", o si se quiere con una suba de 1,6% del Promedio Industrial que llevó lo más granado de las Blue Chips a 1.085,0 puntos y catapultó una suba de 2,19% en los papeles de tercera línea englobados en el Russell 2000.
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Antes de asociarnos con quienes en un evidente acto de euforia afirmaban que "éste es el catalizador que le hacía falta al mercado" para disparar el tan deseado rally de fin de año, conviene hacer unas aclaraciones. En primer lugar Bernankle no es Greenspan, de hecho el repunte de la tasa de los treasuries a 4,2% y la caída del dólar a 115,37 yenes y u$s 1,198 por dólar, si hablan de algo, es que hay una percepción de que la inflación no cedería por el hecho de que Ben será dentro de poco el máximo banquero del mundo. Con el crudo cayendo a u$s 60,32 por barril y luego de tres semanas consecutivas de baja, mejor no pensar que fue sólo efecto Bernankle. Informate más
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