Según la tipología, la Argentina entra hoy en un "default controlado"

Economía

Caer en default siempre es una mala noticia y, en el caso de la Argentina (incumplidor crónico), una vergüenza. Según cómo se contabilice (si se tiene o no en cuenta el pagadíos con la Baring Brothers anterior a la misma existencia de la República), el de hoy será el default número 9; y el tercero en el mismo siglo luego del de 2001 y el de fines de 2019 con Hernán Lacunza como el último ministro de Mauricio Macri, que reperfiló compulsivamente la deuda en pesos. Sin embargo, habrá que reconocer que el de hoy, respetando la tipología del concepto default, será de los menos graves de los que transitó el país.

Para desandar el término, primero habrá que reconocer que no existe como palabra del idioma castellano según el diccionario de la Real Academia Española (RAE); y que se toma directamente del vocablo inglés que refiere a “algo que se hace por defecto o de forma predeterminada”. Es en las finanzas donde se le da una significación diferente, y referido al momento en que un deudor deja de realizar los pagos correspondientes y comprometidos a un acreedor. De esta manera, en default o cesación de pagos pueden encontrarse tanto una empresa, una persona o un Estado soberano. En los tres casos, se abre luego un proceso de negociación, dentro de marcos legales y con supervisión de los organismos judiciales, para que la deuda se regularice en nuevos términos.

La cesación de pagos puede producirse además de diferentes maneras y circunstancias, según los distintos tipos de default. Estos serían, según la distinción que aporta el especialista de FinGuru, Sebastián Maril, y para el caso de los estados soberanos, los siguientes: el “selectivo”, cuando sólo no se pagan algunas vencimientos; el “técnico”, cuando se trata de un incumplimiento no financiero (por ejemplo, alguna presentación legal); el “estratégico”, cuando se elige no pagar algun vencimiento o deuda determinada por motivos políticos o financieros pudiendo hacerlo; el “controlado” cuando se está ante una negociación ordenada, consensuada y con buena fé entre las partes; y el “duro” o “unilateral”, cuando se declara (o no) sin advertencia previa y aclarando que no se liquidará ningún vencimiento ni se informa cuándo se abrirán las negociaciones. La Argentina experimentó prácticamente todas las alternativas. La más reciente fue la declaración de “default duro” de Adolfo Rodríguez Saa ante la asamblea legislativa del 22 de diciembre de 2001 cuando, ante una tribuna de legisladores que directamente se venía abajo, bramó: “Vamos a tomar el toro por las astas y vamos a anunciar que el Estado argentino suspenderá el pago de la deuda externa y que ese dinero lo utilizaremos para los planes de creación de fuentes de trabajo y progreso social”. El de hoy será de diferente tipo. Se trata de una versión remasterizada del “controlado”, ya que Argentina, a través del ministro de Economía, Martín Guzmán, y los acreedores se encuentran en pleno avance de las negociaciones para llegar a un acuerdo, y, desde los privados, hay compromisos para no avanzar en causas legales. Al menos hasta la nueva fecha tope del 30 de julio, cuando si no hay acuerdo y el país no termina de liquidar el vencimiento del Discount, entrará en una rueda de default definitivo que derivará en la reapertura del despacho de la jueza del Segundo Distrito Sur de Nueva York, Loreta Preska, para una nueva causa contra el país.

C. B.

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