Fernando de la Rúa sintió ayer alivio: los senadores peronistas con los que habló después de la votación del déficit cero ni siquiera le mencionaron la idea de confeccionar una ley correctiva o complementaria que modifique el recorte a las jubilaciones por podas en otras partidas presupuestarias.
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Durante las negociaciones del fin de semana, el PJ le había exigido al Ejecutivo una suerte de pacto no escrito para dar quórum y facilitar la aprobación del proyecto, a cambio de sacar, en los próximos días, una norma que permitiera salvar a la clase pasiva y asegurar el piso de $ 1.000. Una de las alternativas consistía en gravar las cuentas corrientes de los bancos en el Central, tal como propuso el pampeano Carlos Verna en la sesión de anteanoche.
Aunque los justicialistas insistieron en público en que redactarán una ley modificatoria para dentro de 10 días, son conscientes de que -si quieren ayudar al gobierno y mostrarse como alternativa seria ante el establishment- deben resguardarse de provocar a los mercados, que no verían con agrado cualquier contramarcha. De la Rúa no pudo eludir, en cambio, el rosario de reproches que le dedicaron a Leopoldo Moreau, durante una cita vespertina improvisada ayer en el despacho presidencial, tras la firma de convenios de competitividad con los productores vitivinícolas, yerbateros, citrícolas y bananeros.
• Papel birlado
«Mire, Presidente, me parece que éste tiene que ser el último ajuste que sufre la gente, porque no pueden venir dentro de 20 días a pedirnos que los ayudemos; ahora, hay que dedicarse a cortar gastos pelotudos», comenzó envalentonado José Luis Gioja, quien había llegado a la Casa Rosada sin dormir por culpa de la aprobación del déficit cero. El sanjuanino eligió una forma indirecta de mortificar al oficialismo por la deserción del senador bonaerense, quien les birló a los peronistas el papel de opositores en el recinto.
Al jefe del bloque lo secundaba una minidelegación integrada por el mendocino Carlos de la Rosa, el salteño Julio San Millán, el formoseño Manuel Rodríguez y el tucumano José Carbonell. El presidente provisional del Senado, Mario Losada, hizo de RRPP y los convidó a tomar café con el jefe de Estado, apenas terminó la ceremonia en el Salón Blanco. El misionero arrimó, además, al renovador Roberto Ulloa, que ayudó al oficialismo a conseguir ajustadamente la sanción de la ley. De la Rúa los recibió con agradecimientos al por mayor.
En tren de mortificar a los locales y practicar tiro a Moreau, Gioja apuntó a ANSeS, uno de los organismos favoritos del MoDeSo, la corriente de la UCR bonaerense que lidera el cacique de San Isidro y sus socios domésticos, Federico Storani y Juan Manuel Casella.
« Ahí, por lo menos, hay 600 contratos», señaló el sanjuanino en tren de podar partidas presupuestarias. « Me parece, flaco, que te quedás corto: por lo menos, tenés que hablar de 1.200», lo corrigió Carbonell, muy afecto a los números y a las estadísticas. El norteño trasladó el blanco de los reproches al formoseño Alberto Maglietti, otro de los que votó en contra del proyecto gubernamental y puso en peligro la conversión del déficit cero en ley.
« Es impresentable lo que hizo tu senador», comenzó Carbonell, mientras miraba a un De la Rúa relajado en su sillón. «Vengo de estar con él en un programa de cable: no sólo aseguró -delante de Oscar Roger, el abogado de Menem-que tenía evidencias de que la fábrica de armas de Río Tercero había sido volada intencionalmente, sino que también se solidarizó con el piquetero Luis D'Elía y lo elogió como representante de un nuevo liderazgo social», se indignó el legislador del NOA. De la Rúa no se dio por aludido y prefirió hablar de los radicales que lo habían ayudado en los recientes días de crisis. «Alfonsín se portó muy bien, incluso a Moreau trató de convencerlo», se consoló el anfitrión. Los senadores se despidieron del Presidente y peregrinaron hasta dependencias de Chrystian Colombo para continuar negociando cómo sigue el ajuste. Con un Domingo Cavallo que entraba y salía (fiel a su hiperkinesis de funcionario), siguieron hablando de tijeretazos. Rodríguez pidió por los fondos provinciales, coro al que se acoplaron San Millán y Carbonell. Por supuesto, se llevaron los bolsillos llenos de promesas.
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