16 de octubre 2001 - 00:00

Si De la Rúa ve mal...

El voto que no se dio -por abstención, voto en blanco o impugnado-equivale a 11 millones. Muy alto en un padrón de convocatoria de 24 millones. En un país con emisión de sufragio obligatoria es grave, resta fuerza a la democracia. Pero curiosamente la economía del país, vapuleada hasta con crueldad en los discursos del proselitismo con postulados demagógicos o distribucionistas sin respaldo, sale mejor en su propósito de recuperación por el debilitamiento de sus atacantes. Ambos aspectos, el político y el económico, se reflejan en estas dos notas.

Ayer los mercados financieros se comportaron como era previsible y este diario había adelantado hace una semana, pronosticando sobre lo que ocurriría el 15 de octubre, primer día poscomicios. Los títulos públicos subieron entre 0,50% y 2%, promedio de alza, 1%. La Bolsa, igualmente casi quieta, bajó 0,60% como podía haber subido en igual proporción. El plazo fijo en pesos -aún muy alto para ahorristas- bajó de 39% el viernes a 29% y se mantiene también el elevadísimo 14% anual en dólares. El dólar futuro a 30 días cayó 3%, a $ 1,025. Riesgo-país inmóvil, pero alto, en 1.824 puntos.

No son valores significativos los de los títulos públicos por lo mismo que no lo eran en la baja a esos niveles insólitos. Poquísimas operaciones y con montos irrelevantes. Más significativo es que el call (dinero entre bancos) haya bajado de 27% el viernes pasado a 9% ayer, porque el único movimiento en depósitos fue el aumentarlos en las entidades, aunque viene la época cercana a fin de mes en que normalmente se los retira (se agrega que esta semana hay vencimiento impositivo para personas físicas).

Podría decirse, entonces, que el primer día poscomicios -y hoy tiende a seguir así- es el ideal para cualquier gobierno y más para éste, al cual la elección de parlamentarios le cayó en pleno ajuste y se descontaba que no podía serle favorable, obvio. Menos perspicaces en «argentinismos», ayer los empresarios brasileños se asustaron por el resultado electoral en la Argentina, que interpretaron adverso al gobierno, y se abalanzaron sobre el dólar, que trepó a 2,80 reales y obligó al Banco Central de ese país a volcar a esa plaza 1.000 millones de dólares en títulos (carísimos porque son a una tasa en reales indexada por el valor del dólar más una tasa de interés de 8% anual) y logró bajarlo al cierre.

Más hábiles, los inversores de la Bolsa de San Pablo descontaban lo que sucedería en los comicios argentinos -aunque nadie imaginó tanto voto de repulsa- y hasta se alegraron de que fuera tan suave para el gobierno el resultado. Subió esa Bolsa 5,6% en un día.

Lo que tranquiliza a los mercados es que el gran derrotado de ayer no fue el gobierno, obligado a ser antipopular por ejecutar las únicas políticas económicas posibles como procurar el déficit cero, sino los políticos desconfiables, evidentemente repudiados por la ciudadanía, por sus posturas demagógicas, visibles en sus discursos preelectorales.

No podían votar al gobierno muchos ciudadanos -además, porque tampoco tenía candidatos reales que lo defendieran y se presentaran- pero buena parte del elevadísimo voto de rechazo (abstención , blanco y anulado del domingo se elevó al nivel sin precedentes de 45%, en el país) fue gente que apoyaba el realismo del actual plan oficial. Hasta 20% de voto no positivo podía ser normal. Casi duplicado, en un país con voto obligatorio, es grave, debilita a la democracia y castiga a los políticos a los que resta sostén en sus posturas.

Pensemos que alguien popular y respetado como Carlos Reutemann ayer en Santa Fe a través de hombres de su riñón terminó en los comicios representando a sólo 1 de cada 7 santafesinos. Grave escepticismo allí que afecta al gobernador aunque no cotejara y quizá haría variar eso.

• Repudio

Pero sus hombres al Parlamento, con tan poco respaldo, decidirán leyes para todos los argentinos, harán propuestas, discursos ¿en nombre de qué cantidad de ciudadanos? Y eso que la gente de Reutemann duplicó a su rival radical, también senador, con menos representatividad en una ciudadanía que repudió la elección.

Decimos Reutemann, pero Eduardo Duhalde, ensalzado por los intereses del monopolio «Clarín», obtuvo 900.000 votos menos que su esposa Chiche hace 2 años cuando él la apuntalaba como candidato presidencial. Por la abstención elevada Duhalde dista de representar una mayoría y sí, en cifras reales sobre padrón y con todo el peso partidario, a 1 de cada 4 bonaerenses. Peor Raúl Alfonsín que sólo representa a apenas 9 de cada 100 y pretende digitar la política nacional. Rodolfo Terragno, «ganador» en la Capital Federal, representa a sólo 1 de cada 10 ciudadanos. Ni el gobernador de Córdoba De la Sota -sorprendentemente demagógico en sus discursos del domingo a la noche por el «cambio» y contra «el modelo» que él impulsó más que nadie como respaldo a Domingo Cavallo- apenas si representa a 1 de cada 4 cordobeses y, en imagen hasta ahora, daba que arrasa en su provincia. Al hablar tras los comicios es inexcusable que asumió la débil representatividad de los senadores por esa provincia.

El problema para la recuperación económica, la baja del riesgo-país y la consiguiente reducción de la tasa de interés para la producción es que el presidente Fernando de la Rúa no observe bien lo ocurrido ayer, que crea en las interpretaciones maquiavélicas que se hacían el domingo -en declaraciones abundantes, agobiantes para llenar espacio por retraso en los datos- los decepcionados Elisa Carrió, Leopoldo Moreau, Rodolfo Terragno, Alfredo Bravo (que parece que ni siquiera será senador) o un Eduardo Duhalde que cree que el «voto piso» constante que tiene toda boleta con el escudo peronista, sobre todo en el Gran Buenos Aires, lo habilita para cualquier discurso o propuesta disparatada. ¿O allí no ganaron, con el mismo paraguas del escudo partidario, los sindicalistas Andrés Framini y Victorio Calabró, Oscar Bidegain o Carlos Aloé, que era sinónimo de chiste público por su primitivismo político y administrativo pese a que tuvo doble paraguas ya que otro era el mismo Juan Perón presidiendo la Nación?

¿Cómo puede Duhalde, representando apenas a 1 de cada 4 bonaerenses, decir que «el resultado electoral resultó un ultimátum para el gobierno De la Rúa» y su política económica lógica de vivir de acuerdo al ingreso? Menos admisible en Duhalde, que junto con los radicales que destrozaron la ANSeS y el PAMI, como Leopoldo Moreau, Federico Storani, Federico Polak y otros, con desorbitados déficit son los principales culpables de la actual crisis.

¿O acaso no tenemos que disminuir tanto el gasto público, hasta lo intolerable, por lo que ese tipo de hombres públicos aplicó como «su» política o «su» modelo administrativo?

• Dolarización

Los mercados esperan nuevas medidas que se anunciarían el viernes. Ya han sido enumeradas. Algunas nuevas que se mencionan son también interesantes, por caso -se dice-aceptar pago de impuestos en dólares como pequeño paso hacia una eventual dolarización aunque hoy no se presente como indispensable. Dolarizar, como se sabe, no es doloroso socialmente aunque tampoco sea lo ideal. Devaluación está más descartada que antes de la elección.

¿Problemas para el avance económico? Hoy se centra -aunque obviamente seguimos y seguiremos mal, pero ya descontado con esos precios muy bajos- en tres aspectos: A) más que medidas lo que realmente los inversores esperan es ver si se cumple o es un fiasco lo del déficit cero, muy basado en el nivel de recaudación fiscal; B) si hay algún síntoma, cercano por lo menos, de reactivación de la economía; y C) si el gobierno De la Rúa no se asusta por los comicios -tampoco que se vaya a creer triunfador por el elevado voto de negativo- y los discursos tremendistas o cae en tentaciones políticas igualmente graves. Por caso, las versiones hablan de un Melchor Posse (hombre de Enrique Nosiglia) para el Ministerio de Trabajo. La eficaz Patricia Bullrich para la Secretaría General si les da el gusto -peligroso- a los sindicalistas y el demasiado «manos abiertas» (con dineros públicos) Nicolás Gallo para Acción Social.

Son nombramientos peligrosos. Posse hizo estragos en gasto público en su paso por la ANSeS y renunció cuando no le dejaban hacer otros. Con su intento de «radicalizar» su gobierno para restarle eventuales méritos a Cavallo en una eventual recuperación, De la Rúa puede cometer errores que lo saquen de este beneficioso estado bucólico en que los mercados están calmos y los políticos demagógicos quedaron más expuestos ante la opinión pública.

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