Sobornos en el Senado
Los protagonistas de la política aprovecharon el estallido de las coimas para despertar la memoria y corregir las posiciones en el juego político. Damos una síntesis de lo que se escuchó ayer entre el centenar de declaraciones que se escucharon por radio y TV a lo largo de la jornada. Recordar con ira lo que pasó en el país hace tres años les parece quizás a esos protagonistas más oportuno que la amenaza piquetera de hacer este fin de semana una celebración violenta de ese pasado cercano.
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Rafael Bielsa (canciller, ex controlador en la SIGEN bajo la Alianza) recordó con tono arrepentido cómo aconsejaba a Fernando de la Rúa que investigase las cuentas SIDE y no le hiciera caso a otro funcionario. Se quejó también de que un libro sobre los sobornos hubiera desaparecido de las librerías, algo frecuente hoy, como ocurre con un secreto bestseller que habla del gobierno de Kirchner en Santa Cruz, que las librerías venden por debajo del mostrador pero nunca ponen en la vidrieras.
«Yo siempre le decía a De la Rúa: usted va a visitar muchos más juzgados, señor, por las satisfacciones que cree que le da hoy el procurador delTesoro que por los disgustos que usted cree que yo le doy. El procurador de aquel momento, Ernesto Marcer, mintió en un dictamen secreto, que es una cosa absolutamente extraordinaria en materia administrativa. Fue un dictamen secreto que a mí me fue comunicado sólo en un párrafo. Le prohibía al Banco Nación, a la Tesorería y a la Contaduría brindarle información a la SIGEN sobre los saldos de cuentas de la SIDE.»
«Hay un libro publicado hace dos años que se llama 'La prueba', que tiene una particularidad que es que desapareció, se agotó la edición, en una semana, curiosamente mientras se volvió a reeditar.»
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Aníbal Fernández, ministro del Interior, explica por qué se opuso en 2000 a la reforma laboral y por qué ahora busca derogarla, amenazando con otro retroceso en libertad sindical.
«Yo hice una militancia activa contra esa ley, la 25.250, siendo ministro de Trabajo de la provincia. Tenía más que razones suficientes para oponerme en cuanto a la precarización de la tarea. Me cansé de llamar a varios compañeros míos que no me atendían el teléfono, salvoAntonio Cafiero.»
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Alicia Castro, sindicalista que sufrió el Frepaso, recordó cómo su ex jefe Alvarez operó en persona la votación de la reforma laboral, un gesto distinto de lo que se le escucha ahora, desde el despacho del entonces presidente de la Cámara de Diputados. También recordó una viñeta de la sesión.
«Yo había presentado un proyecto alternativo, y ese mismo día estabaAlvarez instalado en el despacho de Rafael Pascual, llamando a cada uno de los diputados díscolos para forzarlos a aprobar la ley o exigirles que en caso contrario, por lo menos, se retiraran del recinto, como hicieron algunos diputados de origen sindical, como Marcela Bordenave.»
«En la Cámara, cuando se votó la ley, Chacho levantó el dedo pulgar, el gesto aeronáutico de que está todo bien, saludando a Flamarique, que estaba en un palco.»




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