16 de diciembre 2003 - 00:00

Sobornos en el Senado

Los protagonistas de la política aprovecharon el estallido de las coimas para despertar la memoria y corregir las posiciones en el juego político. Damos una síntesis de lo que se escuchó ayer entre el centenar de declaraciones que se escucharon por radio y TV a lo largo de la jornada. Recordar con ira lo que pasó en el país hace tres años les parece quizás a esos protagonistas más oportuno que la amenaza piquetera de hacer este fin de semana una celebración violenta de ese pasado cercano.

Augusto Alasino, con más ingenio que cuando era senador, intentó destapar detalles de la vida personal del arrepentido Pontaquarto que sirven para completar el perfil del personaje.

«Creo que el pase más espectacular político es el de Pontaquarto. Era riñón de Genoud, riñón de Alfonsín, riñón del «Coti». Le compra el pase al sector de laAlianza, se va y hace estas declaraciones, un poco... después que es exonerado, después que se siente, digamos, animado por algún tipo de venganza y, entonces, produce todo esto. Pero, acá, nadie cobró. Le voy a contar una pequeña anécdota. Nosotros habitualmente en la parlamentaria mundial íbamos a veces con nuestras señoras y Pontaquarto era un hombre que se manejaba distinto. No quiero ser botón, porque yo no soy botón con los otros. Pero, eso que dice de no mirar a sus hijos. Le creo si dice que no los puede sostener, pero que no los puede mirar a los ojos. Eso no se lo creo.»

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Hugo Moyano (disparador de este reflotamiento de la polémica de las coimas para lograr que se anule la ley de reforma laboral, también cargó contra el Chacho, que apoyó la ley, y aun de Antonio Cafiero, que levantó la mano por disciplina partidaria.

«A nosotros no nos convencen hoy aquellos que salen a decir que votaron por disciplina partidaria o que se abstuvieron o que después de cinco o seis meses recién hicieron la denuncia pero empujaron para que salga esta ley, como ha hecho el ex vicepresidente de la Nación, después de seis meses de haberse denunciado los sobornos, las coimas y de haber estado sospechado por todo el país de que había sobornos y coimas, a pesar de todo eso siguió empujando la ley para que salga.»

«La empujaron para que salga, como hizo el ex vicepresidente o como hizo Cafiero, que dice que él estaba en contra de la ley; se mandó un discurso que si uno lo escucha se pone a llorar, a aplaudir, vio como hacen estos personajes; es como Luis Sandrini, como Mario Fortuna, que nos hacía tanto llorar como reír; bueno, esto en la política es igual, se mandan unos discursos que nos hacen llorar o reír- pero después seguramente votan en contra de aquellos que deberían beneficiar y los perjudican votando de la forma en que lo hicieron, como son los trabajadores en este caso.»

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Rafael Bielsa (canciller, ex controlador en la SIGEN bajo la Alianza) recordó con tono arrepentido cómo aconsejaba a Fernando de la Rúa que investigase las cuentas SIDE y no le hiciera caso a otro funcionario. Se quejó también de que un libro sobre los sobornos hubiera desaparecido de las librerías, algo frecuente hoy, como ocurre con un secreto bestseller que habla del gobierno de Kirchner en Santa Cruz, que las librerías venden por debajo del mostrador pero nunca ponen en la vidrieras.

«Yo siempre le decía a De la Rúa: usted va a visitar muchos más juzgados, señor, por las satisfacciones que cree que le da hoy el procurador delTesoro que por los disgustos que usted cree que yo le doy. El procurador de aquel momento, Ernesto Marcer, mintió en un dictamen secreto, que es una cosa absolutamente extraordinaria en materia administrativa. Fue un dictamen secreto que a mí me fue comunicado sólo en un párrafo. Le prohibía al Banco Nación, a la Tesorería y a la Contaduría brindarle información a la SIGEN sobre los saldos de cuentas de la SIDE.»

«Hay un libro publicado hace dos años que se llama 'La prueba', que tiene una particularidad que es que desapareció, se agotó la edición, en una semana, curiosamente mientras se volvió a reeditar.»

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Aníbal Fernández, ministro del Interior, explica por qué se opuso en 2000 a la reforma laboral y por qué ahora busca derogarla, amenazando con otro retroceso en libertad sindical.

«Yo hice una militancia activa contra esa ley, la 25.250, siendo ministro de Trabajo de la provincia. Tenía más que razones suficientes para oponerme en cuanto a la precarización de la tarea. Me cansé de llamar a varios compañeros míos que no me atendían el teléfono, salvoAntonio Cafiero.»

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Alicia Castro, sindicalista que sufrió el Frepaso, recordó cómo su ex jefe Alvarez operó en persona la votación de la reforma laboral, un gesto distinto de lo que se le escucha ahora, desde el despacho del entonces presidente de la Cámara de Diputados. También recordó una viñeta de la sesión.

«Yo había presentado un proyecto alternativo, y ese mismo día estabaAlvarez instalado en el despacho de Rafael Pascual, llamando a cada uno de los diputados díscolos para forzarlos a aprobar la ley o exigirles que en caso contrario, por lo menos, se retiraran del recinto, como hicieron algunos diputados de origen sindical, como Marcela Bordenave.»

«En la Cámara, cuando se votó la ley, Chacho levantó el dedo pulgar, el gesto aeronáutico de que está todo bien, saludando a Flamarique, que estaba en un palco.»

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