Sorprendente acuerdo MAC
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La clave del acuerdo MAC con Brasil está en dos puntos: en uno se ponen muchas trabas a la limitación de sus ventas. No puede reclamar contra sus productos que ingresan (se tiende a los industriales desde Brasil hacia la Argentina) si el rubro afectado, sea zapatos y zapatillas, juguetería, textiles o electrodomésticos, no reúne para protestar como mínimo 35% de cada sector. Además el rubro afectado tiene que demostrar que perdió puestos de trabajo, que debió bajar el empleo de la capacidad instalada, que tiene menos horas laborales pagadas, que está produciendo menos y que tiene una estructura obligada de costos más alta que un año atrás. También sirve si puede probar que su mismo sector en Brasil que le compite recibe algún subsidio. No es fácil probar todo eso para empresas locales que son medianas o chicas en ese tipo de productos invadidos desde el vecino del Norte.
El otro punto es más clave aún y donde se lució la estrategia brasileña. Si un empresario argentino reunió todos los requisitos del punto uno vienen 90 días de Programa de Adaptación Competitiva (PAC) donde los empresarios privados de los dos países con productos competitivos en discusión buscarán un acuerdo entre sí. Sobre todo hay 20 días clave, posteriores a los 90 para el diálogo privado directo. Esto les abre a los brasileños la posibilidad de asociación o directamente compra de la fábrica argentina en problemas para lo cual tiene un insuperable «due dillingence» con los datos aportados por ese afectado. Y, además, los empresarios de Brasil poseen al mencionado BNDES como respaldo. Lo restante es más de fórmula. El PAC lo debe encarar el país afectado, que en este caso sería la Argentina. El gobierno podría entrar a subsidiar empresas privadas argentinas pero el acuerdo lo preserva a Brasil de ello porque ese PAC que se disponga compromete a ambos países, si a uno no le gusta, a llevarlo a un tribunal de tres expertos, uno de cada nación y uno neutral. Sería imposible que un tribunal así, apolítico, vaya a apoyar un mecanismo basado en subsidios, a los cuales es tan inclinado el gobierno de Néstor Kirchner.
Ahora los empresarios de San Pablo se manifestaron en contra -los de su central FIESP- porque no puede ser muy explícito el gobierno de Lula en explicarles que a la larga ganarán más que vendiendo ahora pero con resistencia argentina creciente. Los de la CNI (una especie de Unión Industrial Argentina allá) están con Lula y entonces comprenden y no se oponen.
Ingresar con sus propios capitales en la producción industrial de la Argentina en su propio territorio es el primer paso de Brasil porque el mismo MAC señala que este acuerdo se buscará llevarlo a los 5 países del Mercosur -contando Venezuela- en cuyo caso este MAC cesa. Es obvio, no tendría sentido si la posibilidad de expansión de capitales industriales de Brasil se hace extensiva a todos más allá de la prueba piloto inicial con la Argentina.
Olvidémonos del Progresismo local porque se sinceró como una forma de arribar al goce del Poder, satisfacer revanchas y acepta ahora hasta que le paguen al FMI cuando antes lo hubiera repudiado y hasta despellejado a Carlos Menem si disponía una medida así. Por eso también convalidarán este acuerdo con Brasil. Lo que importa es el sector de los libreempresistas que tienen grabado el principio de no distinción de capitales por origen, salvo los espurios como los provenientes de la droga. Brasil produciendo industria -en un futuro imprevisible todavía- en cada país vecino mejorará probablemente la calidad del producto, creará fuentes de trabajo locales, blanqueará salarios, puede favorecer ganar mercados externos más allá del Mercosur, todo lo cual es correcto. Pero los dividendos retornarán a Brasil con lo cual las posibilidades de expansión de los inversionistas locales a otros sectores se verán muy trabadas. Brasil no teme la expansión del producto agropecuario argentino tras sus fronteras, salvo por calidad desde mejores tierras lo cual lo beneficia. Pero acaba de tener récord histórico de cosechas. Es muy importante entender que el déficit en la balanza comercial argentino-brasileña en 2005 fue elevado, 3.600 millones de dólares, pero que el déficit argentino industrial fue con ellos de 5.000 millones de dólares, reducido en el número final por el agro argentino. Esos 5.000 millones en productos industriales miden el potencial que está en juego con este acuerdo MAC.
• Encarecimiento
Tampoco hay que creer que producir con capitales mixtos en la Argentina, en lugar de que nos lleguen desde San Pablo, abaratará el producto local. Un Hugo Moyano local que el año pasado en sus convenios lograba sacarle un nuevo 2% del haber mensual de los trabajadores para los sindicatos encarece internamente a la Argentina. Lo mismo pedidos de aumento salarial de 60% (caso actual de telefónicos pero hay y habrá más). Somos un país donde el gobierno quiere «acordar» precios con los empresarios en base a que «los costos» se mantengan igual. Las absurdas prebendas laborales han creado un «costo argentino» extra. Aquí a una empresa argentina o brasileño-argentina en el futuro o, directamente, toda brasileña se le aplicará eso de que 11% de inflación (en 2005) se lo consideren «ganancia» y le apliquen impuestos. Muchas anomalías más harán que sea impensable -sin cambios que este gobierno nunca va a encarar- producir a los mismos costos brasileños que es una de las principales razones por las cuales, precisamente, nos llenan con sus productos industriales.
El acuerdo no puede ser objetado desde la libertad económica pero demuestra que nuestro gobierno -aunque uno de centroderecha también lo hubiera firmado- no tiene suficiente inteligencia en gestión pública para ver las entrañas de lo que firma, dónde están los reales problemas para competir y las consecuencias futuras. Es lógico. Este gobierno no se nutre demasiado de funcionarios desde las universidades y bastante de los piqueteros para lo cual ya designó 4 para manejar, directa e indirectamente, 1.300 millones de pesos anuales. Además, integra sus equipos en base al acatamiento total al Presidente e inventa que las inteligencias para dirigir no se deben buscar entre 37 millones de argentinos sino en los 200.000 que viven en la provincia de Santa Cruz.




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