El «due dilligence» encargado por los presuntos compradores de Southern Winds se iniciaría hoy, luego de que Juan Maggio accediera a firmar los papeles de la venta de su empresa y a entregar las llaves de los armarios donde se guardan sus libros contables. De todos modos, las especulaciones sobre quién es el socio oculto del empresario Horacio Rozenblum en la compra de SW siguen campeando en el mercado aerocomercial. El dueño de dos hoteles en el sur del país, y que también tendría inversiones inmobiliarias en el sur de la Florida, se negó hasta ahora a revelar cuál es el «grupo estadounidense» que lo acompañaría en una operación que desde lo comercial parece no tener demasiado sentido.
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La aerolínea, cuyo 70% -al menos hasta que se perfeccione la venta- es de los hermanos Maggio, tiene una deuda concursal que ronda los u$s 60 millones; a esa cifra deben agregársele otros u$s 5 millones de deuda posconcursal, con lo que el nuevo propietario asumiría un pasivo cercano a los u$s 65 millones. Aun cuando en la renegociación de la deuda los próximos propietarios alcanzaran una quita significativa, no parece probable que se pueda levantar semejante pasivo sólo con la operación de dos aeronaves y un puñado de rutas, que es lo que tiene hoy SW. Seguramente en los planes de los compradores estará la incorporación de flota, la ampliación del número de destinos a los que llegue la empresa y una agresiva campaña para mejorar la pobre imagen que tiene SW desde que estalló el escándalo de las «narcovalijas». Para eso, como es obvio, también hará falta una fuerte inversión, y por eso es válido preguntarse quién está dispuesto a escribir semejantes cheques.
Asimismo, cabe preguntarse qué pasará con el límite de 51% que prevé la ley para accionistas extranjeros en aerolíneas nacionales. Sucede que Eduardo Eurnekian, que en su momento jugó con la idea de entrar en el negocio del transporte aéreo -más allá de ser operador del sistema nacional de aeropuertos-, tenía 30% de SW; sin embargo, cuando compró la italiana Volare, aportó ese porcentaje como uno de los activos con los que su controlada Bixesarri les pagó a los italianos; luego, Volare entró en proceso de quiebra y liquidación, y esas acciones quedaron en ese «paquete».
Fuentes cercanas a Aeropuertos Argentina 2000 aclararon que Eurnekian había capitalizado a SW sin que su aporte le diera responsabilidad sobre el manejo de la empresa, pero tampoco en los futuros pasivos. También dijeron que, de los tres Boeing 737-200 que le habían cedido a SW, sólo uno sigue volando. Los otros dos, aseguraron, fueron «canibalizados» para que el tercero pudiera operar, y aún pueden verse sus carcazas vacías (pintadas con los colores de LAPA y de ARG, el nombre con que Eurnekian había rebautizado a LAPA) en los hangares del Aeroparque metropolitano. Formalmente, 30% de las acciones de SW está en manos de Volare, una empresa extranjera, por lo que el componente foráneo del «grupo Rozenblum» no podría exceder 19% del capital de la aerolínea. Esto se lo habrían hecho saber al comprador autoridades de la Secretaría de Transporte y de la Subsecretaría de Transporte Aerocomercial.
En tanto, recién ayer a última hora se habrían depositado los casi $ 2,3 millones correspondientes a los sueldos y medio aguinaldos de los cerca de 900 empleados de SW, que ayer habían comenzado a protestar en Aeroparque por la falta de pago. Tampoco está claro cuál es el origen de esos fondos. Fuentes tanto de los compradores como del gobierno negaron que se tratara de un aporte oficial para evitar la extensión de un conflicto que amenazaba ya con parecerse al provocado por los empleados de LAFSA en ocasión de la absorción de su personal por parte de la chilena LAN.
El mercado, entonces, sigue preguntándose por qué tomar una empresa aérea con una deuda de u$s 65 millones, con una marca casi irremediablemente deteriorada por un escándalo que involucra tráfico de drogas, y en un mercado hoy en manos de Aerolíneas Argentinas en casi 80%, pero al que se agrega el jugador más fuerte de la región, o sea, LAN.
Por estas razones seguramente es que se habla de una intervención oficial, pero también de la posibilidad que la chilena Sky -de Jürgen Paulmann, hermano de Horst Paulmann, dueño de Jumbo/Easy/Unicenter- sea el «socio oculto» de Rozenblum, que fue uno de los selectos invitados por la Embajada de Estados Unidos al cóctel con que se celebró el Día de la Independencia de ese país. Cabe apuntar, además, que los únicos activos que tiene hoy SW son sus rutas, que cubren no sólo todo el país, sino que también le permitiría volar a Madrid, Miami, Los Angeles, México, Colombia, etcétera. S.D.
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