Apesar de la aparente bonanza que atravesaría el negocio de las tarjetas de crédito, en la industria hay más preocupación que euforia: es que el número de plásticos en circulación y de tarjetas activas sigue siendo una fracción de lo que era antes de la crisis. Además, lo que preocupa a administradoras y a bancos emisores por igual es qué sucederá cuando el 15 de marzo termine la promoción de las seis cuotas sin intereses que vienen aplicando con interrupciones desde hace un año: el temor es que el consumo con tarjeta vuelva a caer de manera significativa.
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En 2001, el número de tarjetas en circulación en todo el país -incluyendo todas las marcas, nacionales y regionales, bancarias y no bancariasrondaba los 13 millones; hoy esa cifra se redujo a menos de 9,5 millones. En el mismo sentido, el número de «cuentas activas» (las que tienen al menos un movimiento por mes) se ubicaba antes de la crisis en unas 4 millones; hoy esa cantidad ronda las 2,5 millones. Cabe apuntar que cada « cuenta» tiene un promedio de 1,8 tarjeta (o sea, el titular más un adicional, aproximadamente).
¿Por qué esta reducción? Las razones son varias y concurrentes, pero la fundamental es que los bancos no están reponiendo las cuentas que se cierran por decrecimiento vegetativo, que se estima en 20% promedio de la cartera. Según fuentes del sector, hay bancos -sobre todo, los de origen estadounidense-que tendrían órdenes de sus casas matrices de recortar al mínimo la emisión de nuevas tarjetas; otras entidades, en especial, las nacionales y las españolas, están comenzando ( tímidamente, es cierto) a lanzar promocionesy acciones de marketingpara capturar nuevos clientes. Sin embargo, aun en esos casos, las políticas son bien restrictivas: una entidad de origen británico ofrece una tarjeta de crédito a quienes suscriban una póliza de su división seguros, pero esa tarjeta se extiende sólo si el asegurado tiene ya otra tarjeta y/o crédito concedido en otro banco. Como se ve, las precauciones son fuertes; y la flexibilidad al momento de emitir tarjetas, nula.
También está el caso de la principal entidad financiera estatal, que -siempre de acuerdo con las fuentes del mercadotendría unos 600.000 titulares de cuenta corriente y/o caja de ahorro sin tarjeta; a esa entidad le sería casi automática la emisión de plásticos para esa parte de su cartera, pero por alguna razón -a pesar de haber declarado su voluntad de incrementar su presencia en el segmento minorista-no lo hace.
•Comportamiento
En la actualidad, el consumo promedio por cuenta ronda los $ 450 mensuales; sin embargo, esta cifra ha tenido un comportamiento espasmódico: en octubre, por caso, trepó a $ 550 por la combinación de las seis cuotas sin intereses y el Día de la Madre; en noviembre tocó los $ 440, y en la segunda quincena de diciembre y principios de enero volvió a superar los $ 500. Pero cuando termine la promoción de las cuotas, se piensa que esa cifra regresará a los $ 380 que promedió el resto de 2003.
Lo que parece casi un hecho es que esa promoción ya no retornará cuando venza el 15 de marzo próximo. Es que los bancos ya no están dispuestos (y, en muchos casos, tampoco en condiciones) de absorber el costo financiero de la misma, que promedia unos $ 8 millones mensuales total/país. «Es como cualquier otra promoción, que si comprás una gaseosa te regalo otra botella igual; duran lo que duran, y después se vuelve a la normalidad, porque no podés seguir regalando botellas para siempre. Lo mismo pasó con las tarjetas: se decidió estirarla hasta que se pudo, porque, cuando se discontinuó -en la primera quincena de diciembre-, los consumos se desplomaron. Pero creo que hemos llegado al límite», dijo a este diario un alto ejecutivo bancario.
¿Qué hacer entonces para que bancos y administradoras recuperen rentabilidad en un negocio que tradicionalmente les sonrió? De nuevo, la salida parece emitir más tarjetas. Pero eso no parece estar en el horizonte inmediato del sistema financiero argentino; se otorgan pocas y de manera individual, y parece casi una antigüedad pensar en términos como «cobranding» o « affinity group», que permitían la colocación masiva de plásticos en determinados grupos. «En 2001 se colocaban unas 400.000 tarjetas por mes; hoy apenas arañamos 100.000...», reflexionaba amargamente otro banquero. «Los bancos, desde el segundo semestre del año pasado, tenemos liberada la oferta; es cierto que se trata de una oferta restringida y puntual, pero también lo es que mucha demanda no estamos teniendo...»
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