8 de junio 2022 - 00:00

Diálogos de Wall Street

La Bolsa disfruta de una brisa favorable, ¿es real o tornará en ciclón, Gekko?

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Periodista: ¿Se viene un huracán? ¿Es una estanflación, como esboza el Banco Mundial? ¿Nadie le avisa a la Bolsa? ¿O piensa que ya pasó lo peor?

Gordon Gekko: Se toman apuestas. Los mercados estuvieron al borde del nocaut, pero la pelea se alargó y parece que se definirá por puntos, no por la vía rápida. No cerró el marcador todavía.

P.: Pero la incertidumbre no desaparece. Es tenaz, persiste.

G.G.: Sí. A un nivel de volatilidad de mercado sensiblemente más bajo.

P.: Estamos mal, ¿pero acostumbrados?

G.G.: Tuvimos picos del VIX superiores a 30 en marzo y mayo en acciones, y llevamos un mes de repliegue lento pero sostenido. Lo primero que se calmó fueron las tasas de interés. Nos arrimaron una guía, un palenque útil. Es que no saber dónde se estacionan las tasas largas -cuando la inflación es más o menos el doble- es un desafío formidable.

P.: ¿La tasa del Tesoro a diez años en 3% es el final de la escalera de tasas? O, simplemente, un descanso, y después habrá que subir más peldaños.

G.G.: Es un rellano oportuno. Como para sentarse un tiempo. La suba de tasas es una obra en construcción. Se puede extender o quedar acá.

P.: No puede decirse, sin embargo, que hayamos vuelto a una situación normal. O que los problemas, que son muchos, estén resueltos.

G.G.: La faena del ajuste está a medio hacer. La presión arterial es alta, pero no extrema. Wall Street es un paciente hipertenso crónico pero que está más lejos del desmayo o el infarto. Entre otras cosas, porque la Fed ya no le corre el arco y le deja tomarse un respiro.

P.: ¿Por qué cree que los mercados se tranquilizan pero los grandes empresarios, los Dimon y los Musk, tienen visiones cada vez más sombrías?

G.G.: Un pronóstico diciendo que el futuro iba a ser terrible fue la norma todo el año. Pero la Fed sorprendió con su agresividad, y el sinfín discursivo de la suba de tasas. Europa se desayunó con la invasión a Ucrania el 24 de febrero, el día en que sucedió contra todas las promesas de Putin. Los mercados estuvieron a los saltos porque la realidad les ganó de mano. Sucesos aciagos pueden ocurrir siempre, pero normalmente no acontecen, y esta vez se dieron cita todos juntos. Durante cuatro o cinco meses hubo que correr de atrás. Pero en algún momento también esa realidad terrible está descontada.

P.: Se dice que el que se quema con leche ve una vaca y llora.

G.G.: La primera vez, sí. Y la segunda, también. Pero ¿hasta cuándo? Las tasas de 10 años se duplicaron en lo que va de 2022, ¿cuánto más? No se sabe. ¿Cuánto más, el segundo semestre? Tal vez, muy poco. La Fed rebajó su violencia verbal, pasó de sopesar una suba de tres cuartos de punto, así todo de un saque, al dulce de una posible pausa en septiembre. Las calamidades nos quitaron el sueño, la paz, el dinero, todos estos meses. Las conocemos bien. ¿Nos van a dar otro topetazo frontal? Se ve que hay quienes lo ponen en duda. Están mentalizados, o mejor parapetados. Compran la fruta que quedó agarrada del árbol después del temporal. Lo burbujeante ya se cayó.

P.: O no creen en el huracán que atemoriza a Dimon.

G.G.: Warren Buffet compra pensando más allá del ciclo. Busca calidad a buenos precios, con más énfasis en la calidad que en los precios, y esa mercadería hoy es más fácil de conseguir que el año pasado. Los mercados no definieron nada, la Fed no consiguió su objetivo, pero los mercados ya no son una kermés con el único pasatiempo del tiro al pichón.

P.: ¿Qué piensa del huracán de Dimon? ¿Compra la idea?

G.G.: Hay dos temas detrás. El endurecimiento cuantitativo (QT), la reducción de la hoja de balance de la Fed con el drenaje correspondiente de la liquidez. Esa parte no la compro. Es fácil exagerar su impacto. El QT absorberá medio billón de dólares en 2022. Bajo ciertas condiciones muy razonables, ello equivale a una suba de tasas de 10 puntos base. Chupará otros 1,2 billones en 2023 en un sistema con liquidez ociosa por más de 2 billones de dólares. Creo que es manejable. En Europa sí es un asunto delicado porque supone un aumento del riesgo de crédito soberano. Es la otra parte del huracán -la escasez de energía- lo que pende como una espada de Damocles. ¿Qué pasará con un barril de crudo en 150/160 dólares o más? Nada bueno. Y no es un imposible. La Fed no deberá convalidar un aumento de la inflación porque sería peor, para mantenerla a raya el gasto tendrá que recortarse en otros rubros, y la recesión lucirá inexorable. Ese medio ciclón calamitoso puede soplar, y no está en los precios todavía.

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