Temen derrumbe del euro si Francia rechaza Constitución
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Jacques Chirac
Para quienes recuerden la dificilísima ratificación del Tratado de Maastricht el 20 de setiembre de 1992, con una crisis abierta por el No danés, la primera diferencia radica precisamente en la existencia del euro y, por tanto, en la ausencia total de ataques especulativos sobre las pequeñas divisas que alumbraron siete años después a la moneda única europea y que, desde junio de 2002, han desaparecido físicamente. En este sentido, hasta principios de abril dominaban las opiniones de que un No francés no sería desastroso económicamente más allá de una ligera depreciación del euro (que sería bienvenida por los exportadores), un leve repunte de las tasas de interés a largo plazo y una mayor desconfianza hacia la Bolsa de París.
Los expertos se dividen entre los que anuncian graves consecuencias económicas llegando al final del euro y quienes recuerdan que a daneses e irlandeses se les hizo votar dos veces un mismo texto con algunas derogaciones, y que un rechazo francés no sería más grave que los cambios introducidos en el pacto de estabilidad y crecimiento sin que se resintiera el euro.
Otra cosa es la credibilidad de los responsables de la unión monetaria (incapaces de enfrentarse al eje franco-alemán). Pero también preocupa que se debilite el eje entre Berlín y París. Y al mismo tiempo hay observadores que aplauden como una muestra de realismo la revisión del pacto y la introducción de mecanismos políticos y no automáticos en los procedimientos por déficit excesivo.
• Desiguales
La situación confirma que los estados no son iguales ni política, ni económica, ni social, ni cultural, ni simbólicamente. España votó con gran abstención y un apoyo de 80% en favor de la Constitución, y Holanda lo hará tres días después que Francia, pero no hay duda de que sus opiniones son (han sido y serán) menos relevantes que las francesas. Un consuelo para la grandeur.
La posibilidad de que el No desemboque en la salida de Francia de la unión monetaria y de la UE es exagerada porque hasta 2006 «los 25» deben pronunciarse y la Unión seguirá funcionando de acuerdo con el denostado, menos por Aznar y los polacos, tratado de Niza. Desde Bruselas y Estrasburgo se repite que no hay «plan B» y que una renegociación es imposible, pero el calendario impone que los demás vayan ratificando (o no) -el Reino Unido, dentro de un año- y el sentido común que, al final, el Consejo decida si admite correcciones francesas (o de otros socios) y/o si se avanza hacia una Europa política de varias velocidades (como en Maastricht).



