25 de mayo 2005 - 00:00

Temen derrumbe del euro si Francia rechaza Constitución

Jacques Chirac
Jacques Chirac
Barcelona - Con cierto retraso respecto del cambio en la evolución de los sondeos, que pronostican una victoria del No en el referéndum francés del 29 de mayo, los analistas y operadores de los mercados financieros empiezan ahora a reflexionar sobre una hipótesis que puede convertirse en problema de consecuencias difíciles de pronosticar si una mayoría de franceses rechaza, finalmente, el proyecto de Constitución europea.

Para quienes recuerden la dificilísima ratificación del Tratado de Maastricht el 20 de setiembre de 1992, con una crisis abierta por el No danés, la primera diferencia radica precisamente en la existencia del euro y, por tanto, en la ausencia total de ataques especulativos sobre las pequeñas divisas que alumbraron siete años después a la moneda única europea y que, desde junio de 2002, han desaparecido físicamente. En este sentido, hasta principios de abril dominaban las opiniones de que un No francés no sería desastroso económicamente más allá de una ligera depreciación del euro (que sería bienvenida por los exportadores), un leve repunte de las tasas de interés a largo plazo y una mayor desconfianza hacia la Bolsa de París.

Así, por ejemplo, Emmanuel Ferry, economista en BNP Paribas y autor de un estudio al respecto, explicaba a «France Presse» que lo que está en juego desde el punto de vista económico es «bastante menos» que cuando Maastricht. Un No entonces «habría sido más dramático. Desde entonces, la creación del euro ha reducido la especulación sobre las divisas y la volatilidad de las tasas de interés», coincide Marc Touati de Natexis.

• Ampliación

Sin embargo, el paso del tiempo y el obstinado avance del No han ido ampliando los análisis y elevándolos al ámbito de la Unión Europea y su primer gran fruto federal: el euro y la puesta en común de la soberanía monetaria por parte de doce socios (con la ausencia notable de Londres).

La impopularidad de Jacques Chirac parece hoy superior a la de Mitterrand en 1992, cuando no vaciló en decir que el Banco Central Europeo cumpliría las instrucciones de los ministros de Economía, una mentira como una casa que le costó airadas respuestas desde Francfort, sede del Bundesbank, y de su antecesor en el cargo (y hoy todavía en el candelero), Valéry Giscard d'Estaing (responsable de la convención que redactó el proyecto inicial de Constitución).

En un reciente informe a sus clientes, el Deutsche Bank tituló «el euro en peligro». El columnista del «Financial Times», Wolfgang Munchau, dio un paso más al asegurar «que pronto su esperanza de vida se contemplará como finita». Desde hace un mes las agencias «Reuters» y «Bloomberg» empezaron a plantearse seriamente si un No francés a este tratado podría significar el principio del fin de la unión monetaria al diluirse al mínimo el consenso político europeoe interrumpirse el procesode integración institucional y política.

Los expertos se dividen entre los que anuncian graves consecuencias económicas llegando al final del euro y quienes recuerdan que a daneses e irlandeses se les hizo votar dos veces un mismo texto con algunas derogaciones, y que un rechazo francés no sería más grave que los cambios introducidos en el pacto de estabilidad y crecimiento sin que se resintiera el euro.

Otra cosa es la credibilidad de los responsables de la unión monetaria (incapaces de enfrentarse al eje franco-alemán). Pero también preocupa que se debilite el eje entre Berlín y París. Y al mismo tiempo hay observadores que aplauden como una muestra de realismo la revisión del pacto y la introducción de mecanismos políticos y no automáticos en los procedimientos por déficit excesivo.

• Desiguales

La situación confirma que los estados no son iguales ni política, ni económica, ni social, ni cultural, ni simbólicamente. España votó con gran abstención y un apoyo de 80% en favor de la Constitución, y Holanda lo hará tres días después que Francia, pero no hay duda de que sus opiniones son (han sido y serán) menos relevantes que las francesas. Un consuelo para la grandeur.

La posibilidad de que el No desemboque en la salida de Francia de la unión monetaria y de la UE es exagerada porque hasta 2006 «los 25» deben pronunciarse y la Unión seguirá funcionando de acuerdo con el denostado, menos por Aznar y los polacos, tratado de Niza. Desde Bruselas y Estrasburgo se repite que no hay «plan B» y que una renegociación es imposible, pero el calendario impone que los demás vayan ratificando (o no) -el Reino Unido, dentro de un año- y el sentido común que, al final, el Consejo decida si admite correcciones francesas (o de otros socios) y/o si se avanza hacia una Europa política de varias velocidades (como en Maastricht).

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