26 de enero 2004 - 00:00

Trabas a textiles de Brasil no llegarían a ser aplicadas

Sabemos que Brasil evalúa hoy si restringe algunas importaciones desde la Argentina. Por eso hay que potenciar el acuerdo entre los privados y que las medidas contra los textiles brasileños nunca se apliquen.” Uno de los negociadores del Mercosur de Néstor Kirchner, que diseñó parte de la «licencia no automática» anunciada el viernes -y que apunta a restringir la importación de productos textiles desde Brasil-, reconoció que en el gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva la noticia no cayó bien. Incluso acepta que este tipo de restricciones adoptadas por la Argentina no tendrían encuadre legal ni dentro del Mercosur ni en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Sin embargo, explica que tomarlas «era necesario para que una de las fábricas más importantes de la Argentina (Alpargatas) siga viva y no cierre por no poder competir con los productos brasileños», lo que aparentemente «es más importante que los problemas que se generen en la relación comercial». Ante este panorama, según el funcionario, el gobierno se juega a que los privados cierren y pongan en práctica rápidamente un acuerdo que autolimite el ingreso de textiles brasileños, fundamentalmente denim (materia prima de los jeans), y que la «licencia no automática» nunca se aplique.
En concreto, la Argentina decidió el viernes que para un largo listado de productos textiles brasileños habrá que tener una «licencia» o permiso que se otorgará desde
la Secretaría de Industria que dirige Alberto Dumont, y que funcionará según el nivel de importaciones que se vayan registrando durante el transcurso del año. Si el nivel de llegada de telas denim (que concentra 70% del problema) supera los 20 millones de metros, el gobierno local aplicaría directamente las restricciones vía retiro o suspensión de licencias. El funcionamiento real de esta limitación no es inmediato y puede esperar a que evolucione el acuerdo entre los privados. Si las negociaciones tienen éxito, automáticamente el Ministerio de Economía retirará la «licencia» y el conflicto se dará por superado.

• Mal precedente

Sin embargo, se reconoce oficialmente que el gobierno argentino establece un mal precedente en el Mercosur. Si bien desde la cancillería brasileña no hubo críticas abiertas a la medida, tampoco hubo avales; esto, en el idioma diplomático de Itamaraty -la cancillería brasileña-implica «no estamos de acuerdo». Se admite desde la Argentina que Brasil tiene la razón de su lado en llevar el caso a la Comisión de Comercio Exterior del Mercosur, el tribunal que debería fallar en contra de la medida por violar el Tratado de Asunción de 1992, donde se expone que los países miembro del bloque (que también integran Uruguay y Paraguay) no podrán instrumentar medidas internas que restrinjan el comercio entre los socios y que impliquen cupos o aranceles, como las «licencias» que se aplicarían a los textiles. Se sabe, además, que Brasil podría llevar el caso a la Organización Mundial de Comercio (OMC), también con muy serias posibilidades de ganar, ya que las únicas licencias que permite ese ámbito son las derivadas de la seguridad (importaciones de armas de guerra), ecología (productos tóxicos) y salud humana (medicamentos). La OMC no permitiría la aplicación de licencias no automáticas para áreas como la textil, y ya habría jurisprudencia para esto en fallos a favor de países como Taiwán, Malasia o China, que potencialmente producen más daño que el caso brasileño.

De todas maneras, el principal miedo que ahora aparece para la Argentina, según fuentes oficiales, no es la posibilidad de tener que enfrentar una denuncia de Brasil ante la OMC. El miedo real del gobierno es que Brasil comience a acelerar e incrementar las temibles trabas burocráticas que ya están reglamentadas en Brasil y que limitarían seriamente el ingreso de productos clave para las exportaciones argentinas. Se teme que un listado de bienes como la harina de trigo, el polietileno, el petróleo y sus derivados, el ajo, la leche en polvo y algunos productos agropecuarios (según un listado primario que estaría siendo diseñado en Brasilia) lleguen al famoso y temible «Canal Ceniza» (por muerte), donde todos los trámites son manuales y donde habitualmente se aplican multas onerosas para los exportadores que hacen flaquear la voluntad de seguir enviando bienes a ese país. Alejandro Mayoral, ex secretario de Industria y negociador histórico del bloque, aseguró a este diario ayer que no «habrá guerra comercial, ya que se espera que lo que se firme entre los productores de los países será satisfactorio para los privados y los gobiernos».

Ya hay tratados similares de restricción a las exportaciones brasileñas a la argentina en dos rubros: papeles y pollos, con un funcionamiento medianamente prolijo. Una de las claves del acuerdo de los textiles entre los privados es que el control de los cupos de las telas denim será responsabilidad de los privados brasileños y no de los argentinos.

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