«Esta decisión está haciendo una diferencia esencial entre lo que el propio gobierno brasileño hace con los productores de ese país y los nuestros, cuyos productos tienen una garantía clara de control y no afectan a las personas», consideró Ruckauf.
Si bien el gobierno argentino cree que «cada uno de los países tiene derecho a tener su propia política comercial, eso es respetable en la medida en que no haya diferencias esenciales en el trato entre la producción local y la externa».
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