Se están agotando, felizmente, los temas poco productivos e incentivadores de rencores y divisiones, como la recordación con mucha parcialidad del 24 de marzo de 1976 y el golpe de Estado que ensangrentó más la Argentina. Por lo menos recién lo reactivarán cuando inauguren alguna obra de «memoria» o en juicios a militares. En cambio, el país parece serio al ingresar en temas que tienen sus pros y sus contras pero que corresponden a discusiones sanas dentro de una democracia que aspira de nuevo a ocuparse de cuestiones que pueden hacer crecer al país.
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