Héctor Magnetto, como es su habitualidad, divide los medios que domina según sus intereses. «Clarín», donde es semidueño, hace oficialismo, pero con inclinación al ministro de Economía, Roberto Lavagna. «Página/12», donde es dueño absoluto, también hace oficialismo, pero incondicional del actual presidente de la Nación (la tropa periodística de «Página/12», siguiendo el corazón, por su cuenta agrega incondicionalidad también a la dictadura de Fidel Castro).
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Dentro de este esquema, se comentaba este fin de semana que precisamente Lavagna habría acercado el viernes a «Clarín» una primicia que a él lo disculparía, pero que, bien observada, lastima al gobierno y, en particular, al presidente de la Nación. Se trata de un informe reservado preparado por el Banco Central que llegó a Economía, pero también a la Casa Rosada. Allí se demuestra que los llamados «fondos buitre», predominantemente de Estados Unidos, poseen ya 20% de la deuda impaga argentina con acreedores privados, los hoy tan mencionados «bonistas». Es decir que tendrían títulos en default por unos 17.200 millones de dólares, de los cuales 7.200 millones los habrían adquirido -según el Banco Central-en los últimos 4 meses a ahorristas desesperados por la perspectiva de no cobrar.
La gravedad del tema surge del mismo informe, en tanto sea verosímil, que cita: 1) en todos los países que caen en default siempre aparecen estos «fondos buitre», que aprovechan y compran títulos a precio habitualmente vil. Pero resulta que nunca se conoció que adquirieran los de un país por más de 10% y en el caso de la Argentina estarían ya en 20%; 2) el informe del Banco Central -un esfuerzo sutil de advertir al gobierno de los errores que está cometiendoagrega este concepto: «En general (los 'fondos buitre'), obtuvieron buenos pagos».
Se trata de estudios y operadores especializados en especular y extraer suculentas ganancias de los países que caen en default y dejan un tendal de inversores por la caída abrupta de la cotización de sus acreencias. Cuanto mayor sea la resistencia del país afectado a honrar sus deudas y tenga antecedentes históricos de default -la Argentina 4 veces-, mayor es la caída del precio en el mercado, lo cual favorece a estos especuladores. Nunca se apresuran en busca de su ideal de comprar en el «piso» de la baja. Como hay amplitud de capitales detrás, van comprando gradualmente a medida que los títulos defaulteados ceden más para tener un promedio de adquisición bajo, con lo cual aumentará luego la ganancia. En este sentido, la Argentina incentivó permanentemente la caída de cotización de su deuda con privados con reiteradas negativas y hasta alardes de que no pagará lo que debe o con ofertas sorprendentes de pagar con una quita de 75% (92% al momento actual), con lo cual cada vez tiene menos ahorristas simples por la alarma que crea y más clientes para los «fondos buitre» que adquieren deuda a precio vil. Tienen vasta experiencia, dominan los vericuetos judiciales, la legislación nacional del país caído e internacional. Pueden esperar -inclusive años-para concretar la diferencia entre el bajo precio y el ganancioso al que, en definitiva, venderán algún día esos títulos. Perú, Ecuador y Rusia son algunos, entre muchos casos del pasado, donde especularon y ganaron. Hasta ahora siempre, ineludiblemente, han terminado ganando.
En los '80, Alan García, presidente por ese entonces de Perú, repudió la deuda externa de su país y alardeó de ello.
Simplemente logró encarecerla para los gobiernos que lo sucedieron, que terminaron pagándola. Hace 2 años, García volvió a postularse como candidato presidencial tras más de una década de exilio, pero aclarando que «no volvería a hacer lo mismo que en el pasado». Lógico.
Frente al mayor default de la historia financiera mundial, como resulta este caso argentino con una deuda de 180.000 millones de dólares, entre privada y con organismos internacionales, era obvio que esos grupos especulativos llamados «fondos buitre» no iban a desaprovechar la oportunidad. Por eso también pasa a ser récord mundial ese 20% que, según el informe del Central, tienen apostado en la deuda privada argentina.
No tienen escrúpulos, representan la parte más negra y lacerante del capitalismo y la libreempresa. Actúan con total frialdad pero, aunque puedan ser repudiados, en sus formas más benignas se los considera útiles e indispensables en el capitalismo porque alejan el riesgo a quienes no desean asumirlo y se conforman con ganar menos pero seguro. Son, por caso, los que compran dólares a futuro, los productores agropecuarios que venden cosechas a menor precio fijo actual pero asegurándoselo. El especulador estará deseando una sequía mundial que mejore el precio de la cosecha que ya adquirió. Si ya pagaron y tienen posesión, desean sequías o gobiernos -como el argentino en estos díasque insulten a acreedores y repitan que no van a pagar. Se desalientan así los tenedores moderados y acrecientan la ganancia de la especulación que absorbe más ventas.
Pretender enfrentar el operar de fondos financieros internacionales « buitre» con adjetivos descalificativos es tan inútil como leerle el Evangelio a una jauría de hienas que avanza sobre un sangrante caído. «Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo», resuena la frase de la actitud cándida de aquel ex ministro radical de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Carlos Pugliese.
En un presidente como el argentino actual, que se ofusca hasta enceguecerse frente a oposiciones, no hay candidez pero tampoco la cualidad de moverse con frialdad y realismo en medio de la magnitud de la deuda nacional. Esto puede ser una actitud casi suicida en términos de encarecimiento financiero.
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