Un ultimátum de emisario de De Vido

Economía

Con sigilo, Julio De Vido envió a las entidades rurales un mensaje que en las formas pareció conciliador, pero en el fondo suena a ultimátum: que normalicen la comercialización de granos para retomar el diálogo con el gobierno. Lo primero, mandó a decir, supedita lo segundo.

El ministro usó de correo a José Morales, titular de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Transporte de Carga (Fadeeac), entidad que no participa de los piquetes de transportistas, quien, en la práctica, se instaló como mediador en la crisis.

Ayer, Morales conversó con Luciano Miguens, de la Sociedad Rural. Le expresó el planteo del gobierno que el dirigente llevó, por la tarde, a la reunión de la Mesa de Enlace que comparten las cuatro entidades: además de la SR, CRA, Coninagro y Federación Agraria.

Inquieto, Morales sumó otra gestión: ayer recibió a Hugo Moyano en su despacho para sondear una instancia que permita destrabar el conflicto. Se exploró la alternativa de conformar una mesa de diálogo cuatripartita: gobierno, campo, camioneros y transportistas.

Moyano tiene mucho para decir del tema: no sólo regentea el gremio de los choferes, muchos de los cuales están en las rutas, sino que al menos dos de los grupos que mantienen piquetes tienen una relación más que cercana con el líder de la CGT.

Ese argumento fue usado ayer por los ruralistas que cuando fueron a ver a Morales se encontraron con Moyano, a quien le dijeron que el caos en las rutas no es responsabilidad del campo, sino de los empresarios del transporte y, en concreto, de gremio.

Morales, siempre cerca de De Vido -que en este caso funge de negociador con el campo-, y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, es una pieza relevante en el conflicto, pero no es la puerta para desactivar los piquetes que mantienen transportistas autoconvocados y de cámaras díscolas.

En rigor, tanto Fadeeac como CATAC -los dos núcleos de segundo grado del transporte-observan de lejos el caos de las rutas. El otro actor, Rubén Agugliaro, desde hace más de 20 años líder de CATAC, se subió al conflicto pero no controla a los que cortan las rutas.

De allí para abajo, el panorama se dispersa y se vuelve, por momentos, brumoso. Por eso, el gobierno prefiere la vía orgánica para negociar y sólo mantiene contactos informales con los autoconvocados, a través del subsecretario de Transporte de Carga, el moyanista Jorge González.

Aquí, una mirada sobre los actores de la crisis:

  • La línea orgánica, que abarca Fadeeac y CATAC, se topa con la imposibilidad de que no incide sobre los amotinados que están en las rutas. Morales y Agugliaro --más el primero que el segundo- mantienen líneas abiertas con el gobierno, pero no pueden, por más que quieran, levantar los piquetes. La CATAC tiene peso relativo,pero Fadeeac mantiene un red en todo el país.

  • Un segundo grupo lo integran cámaras provinciales, entre las que figura Vicente Bouvier, de la Federación de Santa Fe, que estuvieron integradas a entidades como Fadeeac o CATAC, pero tomaron distancia y, golpeados por la crisis específica del transporte de granos, actuaron por iniciativa propia.

  • Un tercer sector engloba a grupos que tienen empatía con Moyano: Miguel Angel Betili, de la Federación Bonaerense; y Carlos Di Nuncio, de Transportistas Rurales Argentinos (TRA), juegan «de memoria» con el líder gremial. Es más: Betili se reunió con De Vido y Moyano unos días antes de iniciar el paro.

  • De las negociaciones interviene también Jorge González, «el Gallego», que fue durante años directivo de la Federación de Camioneros que comanda Moyano y ahora se desempeña como subsecretario de Transporte de Carga, área que depende de Jaime y, por traslación, de De Vido. Del universo moyanista, además de González, participan Betili y Di Nuncio. Un pañuelo: este último comparte entidad con Daniel Vilanova, secretario general de TRA, familiar de Juan Carlos Vilanova, empresario responsable de Ecofuel, la compañía dedicada a la producción de biodiésel que montaron en conjunto Aceitera General Deheza, de Roberto Urquía, y Bunge. Ambas empresas operan, además, Terminal 6, dedicada a la exportación de aceite de soja.
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