Siderar: un conflicto que persiste y exhibe atomización en la UOM

Economía

La fábrica de chapa del grupo Techint en Canning cumplirá un mes de paro y crece el riesgo de desabastecimiento para las producciones de línea blanca.

Pasado un mes del arranque de un paro de actividades, el conflicto en la fábrica de chapas Ternium-Siderar de la localidad bonaerense de Canning entrará en una nueva semana sin una solución a la vista, con disputas cruzadas entre distintos niveles sindicales y la empresa y con la advertencia de que es inminente la falta de insumos para la industria de línea blanca en caso de continuar la puja. La huelga, que se cumplía hasta hoy a pesar de regir una conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo nacional, ponía al descubierto además las dificultades de la UOM para encolumnar sus líneas internas.

Lo más paradójico es que todos los protagonistas coinciden en que las diferencias son nimias: la compañía del grupo Techint había aceptado días atrás aplicar el convenio reclamado por los trabajadores desde hace más de un cuarto de siglo (el de la rama metalúrgica y no el de la siderúrgica) y pagar salarios en consecuencia, y reincorporar a los 36 operarios despedidos desde que arrancaron las protestas en febrero. El único punto de discordia, y que mantiene en marcha las medidas de fuerza, pasa por la forma de pago de un adicional por hora trabajada durante el fin de semana.

La continuidad del paro representa además un desafío para el propio Gobierno, que debió advertirle a la UOM de Avellaneda, la seccional con jurisdicción sobre Canning, que será multada con un monto millonario de no lograr el acatamiento de la conciliación. Para hoy se especulaba con la eventual realización de una asamblea que aceptara levantar la huelga de manera provisoria, la condición que puso el holding de Paolo Rocca para retomar las negociaciones. La amenaza de la compañía, explicaron en el sindicato (los voceros del grupo se mantuvieron en silencio durante toda la crisis), pasa por dar de baja sus propuestas de aplicación de la rama 17 del convenio (la metalúrgica) y ratificar las 36 cesantías.

El conflicto golpea de lleno la verticalidad de la UOM, uno de los gremios que más afiliados perdió durante la pandemia y que luego de la muerte de Lorenzo Miguel, en 2002, cobró una forma más horizontal con liderazgos regionales abocados a sostener sus propios esquemas de poder. El desplante de los trabajadores de Siderar a Armando Leyes, el jefe del gremio en Avellaneda, es en una versión más extendida un signo de debilidad de Antonio Caló, secretario general de la UOM nacional. En esa misma línea se inscribe la advertencia de la seccional La Matanza, a cargo de Hugo Melo, de que intentará desmarcarse de la paritaria nacional (como adelantó este diario el Gobierno busca en el gremio asentar su pauta de suba de 32% por este año) para negociar un acuerdo trimestral o semestral con las empresas del distrito.

Si bien Paolo Rocca dio sobradas muestras de trasladar a sus operarios los efectos de la crisis con despidos, suspensiones y rebajas salariales en casi todas sus plantas en la Argentina desde que arrancó la pandemia, en el caso de Siderar ni siquiera aparece una razón económica en el horizonte para explicar la inflexibilidad del holding. Es que la rama de producción de aceros planos tuvo el año pasado un resultado positivo por u$s868 millones en contraste con las pérdidas de Tenaris.

La inminencia de un escenario de desabastecimiento de chapas para la producción de heladeras, freezers, aires acondicionados u hornos a microondas no alteró la estrategia dura del grupo Rocca. Por el contrario, los abogados denunciaron a los delegados de la planta ante la Justicia local para pedir el retiro de sus fueros sindicales. Esos representantes, a su vez, deben lidiar con la presión de sus antecesores a cargo de la comisión gremial interna (se renueva cada año) que impulsaron la adopción de las primeras medidas de fuerza y la desobediencia a las sucesivas conciliaciones obligatorias.

Incluso el sector más radicalizado de la asamblea de trabajadores, que repudió diez días atrás la presencia de Leyes en el portón de la planta, se movilizó el jueves pasado primero al Ministerio de Trabajo con motivo de la audiencia y luego a la UOM Avellaneda para protestar contra sus dirigentes, de modo de completar un mapa de conflictos cruzados que complican al máximo la resolución de la controversia. Dirigentes de varios sectores involucrados admitieron que se trata de un enfrentamiento de líneas internas de la UOM sin injerencia, como en otros conflictos, de agrupaciones sindicales de izquierda.

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