29 de mayo 2001 - 00:00

Visión de la economía de EEUU

(El periodista dialoga con un operador de la Bolsa de Nueva York a quien se lo identifica como Gordon Gekko, en alusión al personaje que interpre-tara Michael Douglas en el film "Wall Street", tan exitoso en la década del '80. El diálogo es sobre si la recesión quedó atrás, como parece descontar Wall Street, o si todavía la economía norteamericana sigue en zona de peligro, como cree Alan Greenspan, el titular de la Reserva Federal.)

Visión de la economía de EEUU
PERIODISTA: De nuevo la economía norteamericana está en el centro de la discusión. Wall Street descuenta una recuperación inminente; sin embargo, Alan Greenspan afirma que la economía no ha dejado atrás aún la zona de peligro. ¿Quién tiene razón?

Gordon Gekko:
Contra lo que pueda parecer, no son visiones enteramente excluyentes. Debería quedar claro, además, que si Greenspan tiene éxito, Wall Street tendrá razón.

P.: No recuerdo una discrepancia tan grande como la observada la semana última entre las palabras de Greenspan y las de sus colegas de la Fed.


G.G.:
Tiene razón. Hubo una larga lista de oradores. Gobernadores como Meyer y Kelley. Presidentes de distrito como Mc Donough, Stern y Santomero. Y un denominador común: una visión entusiasta de la economía, casi en las antípodas de lo que se escuchaba poco tiempo atrás; con el acento puesto en la expectativa de una recuperación hacia el final del año.

P.: Greenspan se ocupó de renovar los paños fríos.


G.G.:
Hay que entender que Greenspan se inspira cuando asiste al Club Económico de Nueva York. Allí en 1996, acuñó la famosa expresión, «exuberancia irracional». Y la semana pasada, volvió a sorprender. No porque haya cambiado de opinión, sino más bien porque su discurso no varió de eje. Está todavía anclado en los riesgos de recesión. Allí reside la diferencia tanto con sus colegas como con el sentimiento en Wall Street.

P.: No lo impresionan las cifras de las cuentas nacionales.


G.G.:
No es eso. Una recesión es un escenario poco probable en los dichos de Greenspan. Ubicado, si quiere, en la cola de la distribución de probabilidades. Pero, en caso de ocurrir, sumamente costoso. Es el error que la Fed no se puede permitir. Y por ello, permanece al tope de su agenda.

P.: Su mensaje me pareció una afirmación de que la economía no saldrá de este trance tan fácilmente.


G.G.:
No fue tan crudo. Pero queda claro que la economía, según Greenspan, sigue en observación y, lo que es más importante, la Fed no se apartará del paciente hasta verlo caminar con firmeza. Primero Greenspan parece empeñado en conseguir que la inversión retome un camino ascendente. Lo cual, a decir verdad, no depende sólo de la política monetaria.

P.: La recuperación no será tan rápida como vaticina el mercado. Pero la Fed promete compensar la debilidad con nuevas bajas de tasas.


G.G.:
Esa es una síntesis adecuada.

P.: No pareció agradarle a Wall Street. No a juzgar por el comportamiento de las acciones.


G.G.:
Me cuesta, sin embargo, pensar en una alternativa donde la Fed juegue un rol más favorable. Dele tiempo al mercado para terminar de masticar la idea.

P.: Si la recuperación no es inminente, tampoco el repunte de las ganancias yace a la vuelta de la esquina.


G.G.:
De acuerdo. Pero la Fed le cubre las espaldas mientras tanto. Esa es la buena noticia para las acciones.

P.: Lawrence Meyer, un gobernador de la Fed, dijo que la Reserva debería comenzar a calibrar el impacto sobre la inflación de la sucesión de bajas de tasas.

G.G.:
Es una posición en discordia. Greenspan esparce las bajas de tasas como si se tratase de agua bendita y ningún inconveniente derivase de ello. No todos compran la idea a libro cerrado. Las ideas de Meyer serían más del agrado del tenedor de bonos del Tesoro.

P.: ¿Qué consecuencia práctica se deduce de esta discrepancia entre Greenspan y algunos de sus colegas?


G.G.:
Greenspan define los tantos.

P.: ¿Siempre?

G.G.: Así es. Esa es la regla número uno. Pero entienda que su vigencia depende de un uso razonable. El 11 de abril pasado, cuando Greenspan quiso bajar la tasa entre reuniones, no consiguió el consenso adecuado y prefirió dejar pasar la oportunidad.

P.: Pero la tasa bajó igual. Un semana después.


G.G.:
Eso es correcto. Pero ya había otros elementos sobre la mesa. Y la oposición estaba limada. Hasta ahora, lo que sabemos es que todas las bajas se han decidido en forma unánime. Y tenemos información precisa de lo que aconteció en cada una de ellas con excepción de la última. En el pasado, Meyer ha sabido votar en disidencia. Lo mismo que Poole y Stern. Es el pequeño club de los halcones.

P.: ¿Cómo juega la aprobación de un recorte de impuestos que finalmente no difiere mucho del que el presidente Bush esgrimía en campaña?


G.G.:
Prefiero darle la respuesta de Greenspan a la mía. Pues eso mismo le preguntaron en el Club Económico.

P.: ¿Y qué dijo?

G.G.: Que la Fed no iba a cambiar la dirección de la política monetaria debido a la aprobación del paquete impositivo. Que primero iba a verificar el impacto de la baja de impuestos sobre la economía y, recién con posterioridad, si era necesario, corregiría el curso de sus decisiones.

P.: Esta es una noticia alentadora para la Bolsa.


G.G.:
Describe una Fed mucho más comprometida en sacar a la economía del brete -a toda costa-que lo que uno se imaginaba. Recuerde que el temor era que Greenspan anunciara que la Fed se apartaba y tomaba una actitud neutral. Nada de eso.

P.: Quizá la coexistencia de una dosis fuerte de estímulo monetario y fiscal se pruebe excesiva.


G.G.:
Esa es mi opinión. Y comienza a ser la del mercado de bonos. La suba de precios es un escenario mucho más probable que una recesión. La media del costo de vida, de hecho, está subiendo a un ritmo de 3,8%. Pero mientras una recesión es inaceptable, un poco de inflación no está mal visto, sobre todo si usted dice que no persistirá.

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