Periodista: La canasta de indicadores líderes que publica The Conference Board cayó por octavo mes consecutivo. Son diez series que anticipan la marcha del ciclo. Es un predictor probado de la actividad económica. Con estos números persistentes, ¿no deberíamos estar encajados ya en una recesión?
Diálogos de Wall Street
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Gordon Gekko: El empleo, si bien desacelera, dice que no. Y el gasto de consumo, que tiene sus altibajos (sobre todo a nivel de las ventas minoristas), sostiene esa negativa del lado de la demanda agregada.
P.: La inversión declina.
G.G.: El mercado inmobiliario se congeló. Van nueve meses de caída en las ventas de viviendas, 5,9% en octubre, y la inversión residencial cae con ganas. La inversión no residencial, en especial la parte de equipos y el gasto en software, todavía aumenta y así suaviza el retroceso.
P.: ¿Escapamos de la recesión “técnica” que se vaticinaba cuando el PBI cayó en los dos primeros trimestres del año?
G.G.: Estamos en zona de peligro, en un pantano. Y con la Fed empujando enfrente. Todavía interesada en aplacar más la actividad.
P.: El pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta apunta a un crecimiento de 4,2% para el cuarto trimestre. ¿Diría que finalmente la economía consigue zafar de la trampa recesiva?
G.G.: La economía creció en el tercer trimestre gracias a la irrupción favorable de demanda externa (pero el mundo no parece estar en gran forma como para hacer las veces de una locomotora sostenida). Y ahora, en el cuarto, el tirón vendría de la mano de la billetera del consumidor nacional. Eso, según esta estimación puntual que es diez veces más potente que el pronóstico del consenso. Parece mucho. Ya veremos.
P.: No está muy convencido.
G.G.: Estaría convencido de la recesión si mermase la canasta de indicadores coincidentes (donde tallan el empleo, los ingresos netos de transferencias y las ventas reales, que todavía se defienden). Los indicadores rezagados también crecen. No es lo que uno miraría si quiere anticiparse, para eso están las variables líderes, pero, como vimos, existe un contrapunto que no termina de aclararse. Pase revista a los índices regionales de actividad. Philly Fed, Richmond, Chicago, Kansas City Fed. Todos insinúan una recesión hace tiempo, y la debilidad es evidente, pero no se concreta. Yo diría que la economía está estancada, con sus luces y sombras; chata en promedio; y sin definir aún una tendencia.
P.: Un aterrizaje suave.
G.G.: Hasta el momento, sí, salvo el porrazo inmobiliario.
P.: ¿Cree que la inflación de octubre, que mostró una gran moderación de la inflación núcleo, le da crédito a la tesis del aterrizaje suave?
G.G.: La Fed ganó margen de maniobra en su prioridad de contener la inflación. Y le avisa que el riesgo de apretar de más puede estar próximo. Pero, dicho esto, la Fed va a insistir con tasas más altas hasta cerciorarse de que la inflación se rinde. Y en ese empeño, a prueba y error, puede romperse lo que hoy apenas está abollado.
P.: ¿Cuál es el enemigo principal de la Bolsa? ¿La inflación? ¿El celo de la Fed? ¿La recesión? ¿O quizás la estanflación?
G.G.: Si hay que lograr que uno de ellos se dé vuelta, es la inflación. Lejos.
P.: Pero la inflación mejoró, la Bolsa repuntó y enseguida tenía encima a los oradores del banco central que son perros de presa que no dejan que crezca el pasto. Primero apareció el gobernador Waller, después Bullard de la Fed de Saint Louis. Los dos con un discurso muy agresivo como para que nadie piense que puede festejar o relajarse.
G.G.: La inflación tiene la llave de la presión que ejerce la Fed. Si se repliega, más tarde o más temprano, la Fed se dará por satisfecha. Si la inflación se empaca, los mercados y el banco central, ambos, estarán en problemas. La Bolsa ya metió en precios una recesión suave. Y estamos en pleno empleo, no hay una situación propiamente dicha de estanflación en discusión.
P.: Después del Día de Acción de Gracias, comienza la mejor parte del año para Wall Street. Es la época de los rallies estacionales. ¿Cree que se podrán facturar? ¿O habrá que esperar a que se calme la Fed?
G.G.: El 13 de diciembre conoceremos la inflación de noviembre. Un día después concluye la reunión del banco central. Si la inflación confirma las buenas noticias, no veo por qué no habría de facturarse, aunque la Fed proteste y conserve sus objeciones.
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