El programa «Rápido y furioso» fue implementado desde noviembre de 2009, cuando asumió Barack Obama en la Casa Blanca, hasta fin de 2010.
Consistió en dejar comprar armas automáticas en territorio de EE.UU., donde el comercio es libre, a narcos mexicanos, con el fin de seguirlos y desbaratar bandas en su lugar de operaciones.
Enseguida les perdieron el rastro a las armas, que sirvieron para varias matanzas, incluida al menos una de un guardia de frontera norteamericano.
El fiscal general Eric Holder afirmó que no estaba al tanto de tan absurdo plan orquestado por el Departamento de Justicia que dirige. Hasta ahora casi nadie pagó costos políticos ni judiciales.
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