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Alemania y EE.UU., refugios
Triunfó el “No” a las nuevas exigencias de Europa para aprobar otro rescate a Grecia. El economista Mohamed El-Erian (exestratega de PIMCO) publicó una nota ayer en BloombergView.com pronosticando el posible futuro al que deberán enfrentarse Grecia y el resto de la eurozona en los próximos meses. Es que los griegos, con esta votación, están demandando que el resto de Europa acredite su angustia. En este escenario, sin embargo, sólo un puñado de los líderes europeos es proclive a escuchar y una cantidad aún menor se muestra propensa a entregar el tipo de ayuda que Grecia desesperadamente necesita. Los efectos primero se sentirán en Grecia, pero también lo harán en Europa y más allá.
Mohamed El Erian
Asimismo, aun con estos retos, ni los políticos griegos ni el resto de los políticos europeos tienen mucho tiempo para buscar un camino común. Las terribles condiciones en Grecia se tornarán peores antes de poder mejorar. Sin la ayuda del Banco Central Europeo, el Gobierno heleno tendrá muchas dificultades para conseguir dinero para sus cajeros automáticos y le será mucho más complicado reabrir los bancos. En tanto, mientras aumente el acaparamiento, la escasez de bienes -incluyendo combustibles y alimentos- crecerá, los capitales y los controles de pago se reforzarán y la economía retrocederá un escalón: la pobreza y el desempleo aumentarán y el Gobierno tendrá conflictos para pagar los salarios de los trabajadores públicos y a los pensionados. Como resultado, el Gobierno griego estará bajo una creciente presión para emitir algún tipo de deuda para mantener cierto funcionamiento en su economía, pero para poder hacerlo, la deuda deberá estar bajo un tipo de cambio paralelo.
Por otro lado, fuera de Grecia buscarán limitar los derroches adversos. Probablemente, el BCE deberá desplegar nuevas medidas para frenar el contagio regional (incluyendo la expansión del actual programa de compras a gran escala de valores), que arrastrará el debilitamiento del tipo de cambio del euro. Además, la entidad, junto al FMI, deberá prepararse para una serie de defaults griegos. Ante esto, los partidos deberán aplicar un plan B, pero esta transición probablemente será mucho más traumática para Grecia que para el resto de Europa. Para contrarrestar lo más rápido posible el sufrimiento y la incerteza, Europa tiene instrumentos e instituciones para limitar el contagio y mantener la integridad de la eurozona.
De todas formas, para que esto suceda, el BCE deberá actuar a la par con el Mecanismo Europeo de Estabilidad y el Fondo Europeo de inversiones para poder establecer una unión bancaria y desarrollar la integración fiscal.
Es poco probable que Grecia pueda restablecer su estatus como miembro pleno de la eurozona, y sin un hábil manejo de la crisis, el país heleno tiene altas probabilidades de convertirse en un Estado fallido. Europa necesita asegurar que de la salida de Grecia de la zona euro no resulte la disociación de la UE. Asimismo, se debe contemplar una explosión de la culpa. La actividad improductiva podría terminar retrasando la urgente necesidad europea de internalizar las lecciones de este resultado: una serie de promesas de reformas rotas por varios gobiernos griegos fue agravada por la terquedad política, por los análisis pobres y por el inconsistente seguimiento por parte de Europa, que está contribuyendo con la pérdida de Grecia como un miembro funcional de la familia.


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