14 de enero 2009 - 00:00

Apura el Gobierno tarjeta magnética para transporte

Por la falta de monedas ante el aumento del colectivo, se vendieron boletos ayer en una cabina en la estación Retiro.
Por la falta de monedas ante el aumento del colectivo, se vendieron boletos ayer en una cabina en la estación Retiro.
  • Ante los trastornos generados por la falta de monedas, agudizados tras el aumento en los boletos que comenzó a regir ayer, el Gobierno decidió acelerar el proceso para la implementación de la tarjeta magnética, que servirá para viajar en trenes, colectivos y subtes.

  • Las escalas tarifarias acentuaron los problemas para conseguir monedas, lo que provocó la queja de miles de usuarios y los reclamos de entidades de consumidores.

    Si bien el Gobierno quiere impulsar cuantoantes la tarjeta magnética, aún resta definir cuestiones técnicas relacionadas con la forma en la que se realizará la distribución de los pagos entre los bancos, y eso podría demandar algunos meses.

    La iniciativa está bajo estudio de la Secretaría de Transporte que encabeza Ricardo Jaime y también participan técnicos del Banco Central.

    El objetivo del Gobierno es que el plan se encuentre en funcionamiento en los próximos meses, tal como ocurre actualmente en algunas regiones del país, como la ciudad de Córdoba y Mar del Plata, y a partir de febrero en La Plata. El diputado kirchnerista Dante Gullo elaboró un proyecto de tarjeta magnética, en el cual estimó que se necesitarían alrededor de 8 millones de plásticos para la zona metropolitana.

    Por el momento, para cubrir la demanda de monedas, el Banco Nación dispuso que diez de sus sucursales más importantes entreguen hasta 20 pesos en monedas a quienes las soliciten.

    Según el Banco Central, existen 5.188,2 millones de unidades en circulación y cuenta con ventanillas en las terminales ferroviarias de Constitución, Once y Retiro para entregar cambio.

    En las estaciones y bocas de expendio de boletos se registraron protestas, expresiones de rechazo a los aumentos, inconvenientes con el cambio por la escasez de monedas y se pudo observar un malhumor generalizado, sobre todo, a la hora de abonar los boletos.

    Uno de los momentos más tensos se vivió en la estación Pueyrredón de la línea D de subtes: una formación repleta de pasajeros se rompió y quedó varada por varios minutos hasta que llegó el relevo. Allí, los pasajeros expresaron su descontento e irritación porque les pareció «una cargada de mal gusto» que el día en que «aumentan como quieren» los trenes se rompan, « complicándole la vida a la gente», según dijeron.

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