3 de diciembre 2009 - 00:00

Arde el PJ: cláusula K, primarias y el destino del ministro

Horacio González, Ariel Franetovich, Alberto Pérez, Alberto Balestrini, Federico Scarabino
Horacio González, Ariel Franetovich, Alberto Pérez, Alberto Balestrini, Federico Scarabino
El síndrome de la minoría, eco de la derrota del 28-J, encendió todas las furias en el PJ bonaerense. De lejos, Néstor Kirchner, como un demiurgo pícaro, riega con pólvora el ring del peronismo: denuncia traiciones, anima rebeldías e impone leyes.

Anteayer, sopló al oído de Horacio González, jefe de los diputados bonaerenses, una orden incendiaria: que retoque la ley de primarias provinciales, digitada por Alberto Balestrini, de modo que figure una cláusula expresa para que la votación sea simultánea con la nacional.

Raramente amable, explicó el porqué del pedido y se derramó, luego, con una parrafada contaminada contra Balestrini. González, precavido, se mordió la lengua antes de pronunciar palabra. El vice, en definitiva, se postula como el más K de los bonaerenses.

Aplicados, los diputados tratarán, esta tarde, de votar la ley de primarias con la cláusula reclamada por Kirchner, con lo que el resquicio de autonomía que dejaba el texto votado en el Senado -diseñado por Federico Scarabino- para separar las internas se elimina.

Objeciones

Anoche, trataban de juntar los votos. Si logran imponer esa reforma, la norma deberá volver a la Cámara alta, que tendrá que juntar dos tercios para insistir con el proyecto original o avalar, con mayoría, las correcciones hechas por sus primos de diputados.

En el Senado, ayer, objetaban la modificación, porque, al igual que para las elecciones generales, su proyecto delega en el gobernador la facultad de unificar las elecciones o de convocarlas en fechas diferentes.

Interrogantes

Es decir: con el cambio K, las primarias deberán ser el mismo día, pero las generales, llegado el caso, podrían realizarse antes o después de la presidencial.

¿Por qué tanta preocupación de Kirchner? ¿Duda de Daniel Scioli? ¿O, simplemente, quiso desautorizar a Balestrini? Las respuestas no se excluyen entre sí.

En simultáneo, desde Olivos, el patagónico siguió los detalles de otra novela. Ariel Franetovich, ministro de Asuntos Agrarios bonaerense, desafió un reglamento legislativo y se presentó ayer a jurar como senador sin renunciar a su cargo en el Gobierno.

Días atrás, por pedido expreso de Balestrini, el Senado retocó su reglamento interno para impedir que los legisladores puedan pedir licencia para asumir cargos en el Ejecutivo.

Durante años, desde que Luis Genoud juró como ministro de Seguridad, esa práctica se hizo habitual.

Es más: se permite, todavía, en la Cámara de Diputados. Es uno de los argumentos que expone Franetovich para desconocer la modificación. Planteó, además, su caso ante la Justicia, que deberá resolver si se involucra o no en una interpretación constitucional.

El episodio, sin embargo, excede a Franetovich. Anoche, Scioli evaluaba cómo destrabar esa crisis. Avisó, por lo pronto, que no amparará un conflicto de poderes entre su ministro y el Senado. Tampoco, hasta anoche, había decidido obligar al ministro a elegir una de las dos butacas.

En definitiva, al matancero le tocaron el órgano más sensible: apenas llegó a Agrarios, Franetovich le pidió la renuncia a Ricardo Angelucci, hasta entonces, viceministro, dirigente que tributa a Balestrini, quien lo ubicó, antes, en el Mercado Central.

El vice, celoso de sus dominios, activó la reforma del reglamento que traba a Franetovich apenas Angelucci le avisó cuál era su situación ante la llegada del nuevo ministro. Ya le buscan reemplazante, aunque Balestrini le dijo que siga resistiendo.

La matriz del conflicto es más profunda. Franetovich llegó a Asuntos Agrarios de la mano del ministro del Interior, Florencio Randazzo. Un desplante de Scioli al ministro se leerá como un desafío a Randazzo. Un aval a Franetovich, como un toreo a Balestrini.

Festejo prematuro

Otro dolor de cabeza para el gobernador que por estas horas festejaba, quizá prematuramente, el principio de acuerdo con el radicalismo que selló su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y que se traducirá en la designación del radical Diego Rodrigo en el Banco Provincia.

A horas de perder la supermayoría que ostenta desde 2005, el PJ bonaerense pudo garantizarse ayer el control de las cámaras, a pesar de contar con bloques acotados -19 senadores, 35 diputados-. Lo hizo, además, por unanimidad mientras Kirchner pulsea, voto a voto, en el Congreso Nacional.

Esa urgencia, sin embargo, no le impidió a Kirchner dedicarse a inyectar tensiones entre sus seguidores de la provincia. En definitiva, Buenos Aires es ahora su Santa Cruz.

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