"La mala letra": el homenaje a un provocador de los años 60

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El artista, precursor del conceptualismo y muerto por una sobredosis a los 34 años, también hizo de su propio cuerpo el objeto de su expresión.

Alberto Greco (1931-1965) fue uno de los integrantes de la primera exposición informalista junto a Barilari, Kemble, López, Maza, Pucciarelli, Towas y Wells, realizada en julio de 1959 en la galería Van Riel. Todos ellos se volvieron en contra del furor informalista que cundía y que se había transformado en algo edulcorado, lo contrario de su concepto de un arte fuerte, agresivo, contra las buenas costumbres y las formalidades. En la segunda exposición informalista realizada en el Museo Sívori, Greco presentó un tronco quemado y dos trapos de piso enmarcados, lo que provocó gran desconcierto.

Poco después presentó en la Galería Pizarro “Pinturas Negras”, entre las que estaba “La monja asesina”, una camisa cubierta de manchas de alquitrán.

Siguiendo brevemente con su derrotero artístico, Luis Felipe Noé señaló que para Greco no había límites. Deseaba que lo valorizaran, se lo maldecía y se lo defendía; Greco significaba “la liberación del prejuicio”. En París, en la Galería Creuze, presentó “30 ratas de la Nueva Generación”, 30 ratas vivas cuyo olor causó que lo obligaran a retirarlas dando por terminada su muestra al día siguiente. Su propósito era escandalizar. Otro escándalo con roedores: en la Bienal de Venecia de 1962 liberó varios ratones vivos delante del presidente de Italia, Antonio Segni.

En una muestra del Museo de Arte Decorativo de París en la que participaban Ives Klein, César y Arman , Greco, a la manera de un hombre sandwich llevaba un cartel que decía “Alberto Greco, obra fuera de catálogo”. A partir de entonces, con un bolígrafo que Klein le prestó, comenzó lo que se dio en llamar Arte Vivo. Sus “Vivos Ditos”, un concepto en el que sostenía que “el artista no debería enseñar a ver con el cuadro sino con el dedo, mostrar lo que sucede en la calle y entrar en contacto con la realidad”.

Greco fue un precursor del conceptualismo latinoamericano, de lo antiinstitucional. Las anécdotas son muchas pero no representan la esencia de su anticonformismo, de un ser que anhelaba ser reconocido. Y así sucedió. Su muerte, a causa de una sobredosis en Barcelona, y el hecho de que en su agonía llegara a escribir “Fin” en su mano izquierda, lo convirtió en un artista-mito y de culto.

La actual muestra que le dedica la galería Del Infinito bajo la curaduría de Fernando Davis se titula “La mala letra”. La escritura está ligada a toda su obra. Escribió la novela “Viviendo en casa de las tías” y “Besos Brujos” en 1965, a la manera de un diario, un collage de escritura fragmentada en la que anticipa su suicidio y que se mostró en la galería Klemm en 2015.

En “La mala letra” también la escritura está fragmentada; pueden ser cartas, conversaciones, pensamientos que rozan lo obsceno, escrituras que pueden encontrarse en los baños públicos, Davis señala: “sus textos tienden al exceso y a la desmesura, al melodrama y al camp”. Su vida errante, aventurera, provocativa, era su obra. (Quintana 325. Hasta fines de mayo).

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