Las leves lluvias caídas en la madrugada de ayer no trajeron alivio a los campos y la sequía sigue destruyendo cultivos y ganado en todas las provincias productivas. Se trata de una «catástrofe climática» que se extiende por más de la mitad del área agrícola, tal como lo describió ayer Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA) en un informe de la situación. Se espera que a partir de mediados de este mes y hasta marzo vuelvan las precipitaciones, pero también se advierte que la falta de agua volverá a golpear fuerte desde abril (ver aparte). La «catástrofe climática» se ve «potenciada por una elevada presión impositiva, restricciones financieras y bajos precios de los granos, la leche y la hacienda», advirtió CREA, que detalló: «La ganadería y la lechería están vegetando. La cosecha de trigo fracasó en buena parte de las regiones cerealeras. Los cultivos de maíz y de girasol fueron liquidados en muchas zonas productivas por la falta de agua. La última carta del ciclo 2008/09 se juega con una cosecha de soja buena que pueda venderse a precios aceptables. Si esa carta sale, la crisis actual podría llegar a ser un grato recuerdo».
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Informe
La crisis climática vigente es histórica porque no afecta a una región en particular, sino a todas las zonas productivas: sur de Buenos Aires y La Pampa, atravesando las principales regiones bonaerenses; toda la extensión de Entre Ríos, centro y norte de Santa Fe, Corrientes, Chaco, Formosa, Santiago del Estero y norte de Córdoba. Veamos la información difundida por CREA: . Entre Ríos: las 158.000 hectáreas sembradas con maíz están prácticamente perdidas por la sequía y las altas temperaturas. Los productores buscan lotes fallidos para picarlos o hacer rollos húmedos a cambio de pagarle al propietario del campo una suma que lo ayude a recuperar lo invertido. Las vacas lecheras por el momento comen en praderas residuales que pudieron descansar bien durante el último invierno. Sin embargo, en unos quince días esa comida se habrá acabado. . Norte de Buenos Aires: en la región de San Andrés de Giles en todo 2008 cayeron 524 milímetros de lluvias, cuando lo habitual es un registro superior a 1.000 milímetros. En San Pedro, sólo llovieron 400 milímetros. «La soja de primera sembrada en octubre está muy complicada por la falta se agua: se encuentra en plena floración (fase en la cual se define el rendimiento del cultivo) y con un gran ataque de insectos», indicó Juan Minvielle, agricultor de San Andrés de Giles. . Norte de Santa Fe: en Villa Ana, donde la falta de lluvias se da desde 2006, fracasó la cosecha de trigo y los girasoles obtuvieron rindes de apenas entre 700 y 900 kilos por hectárea, con estándares de calidad pésimos. Los lotes de maíz y sorgo sembrados ya se picaron o se hicieron rollos porque la sequía los liquidó. Y la mayor parte de la soja aún no se pudo sembrar por falta de agua. Los niveles de agua en las represas son mínimos. Las perforaciones tienen crecientes dificultades para encontrar agua en las napas y deben buscar cada vez más profundo; en algunos casos llegan tan lejos que sólo alcanzan a obtener agua con alto contenido salino que es rechazada por la hacienda. Por una vaca con cría se llega a pedir sólo $ 150, pero las ofertas no abundan, ya que no hay forma de alimentarla. . Centro de Santa Fe: Ricardo Gallo tiene un campo en la zona de San Martín de las Escobas. Dos años atrás fue consultado porque sufrió una enorme crecida que lo obligó a sacar la hacienda que engorda en un conjunto de islas localizadas entre los ríos Coronda y Paraná. Muchos otros productores llegaron tarde y perdieron bajo el agua decenas de miles de animales. Ahora la situación se invirtió: en el campo de Gallo cayeron en 2008 apenas 540 milímetros, cuando los registros históricos muestran un promedio anual del orden de 1.100 milímetros. En noviembre pasado -mes en el que se necesita una buena recarga de agua para poder sembrar soja- llovieron sólo 60 milímetros, cuando en un año normal caen no menos de 180 milímetros en dicho mes. La cosecha de trigo fue un fracaso, con apenas 700 kilos por hectárea. La mayor parte de los maíces se perdieron y fueron picados o ya son rollos para la hacienda. La soja de grupos cortos comienzan a experimentar estrés hídrico. «El maíz que sembramos para generar reservas para el invierno para nuestra hacienda ya fue liquidado; si tenemos que salir a buscar maíz a otra zona para los animales, vamos a necesitar recursos», evaluó Gallo.
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