16 de mayo 2017 - 00:00

Ballet uruguayo de superlativa calidad

Si el glorioso presente que vive el Ballet Nacional SODRE, la compañía uruguaya que desde 2010 dirige Julio Bocca, se había podido apreciar en vivo en Buenos Aires en oportunidades anteriores, su brillo parece más real en este "Hamlet Ruso" que acaba de presentarse en el Teatro Ópera. Los programas mixtos pueden servir para comprobar la versatilidad de un ensamble en su paso de un lenguaje y un estilo a otro, pero sólo un ballet completo (más si tiene la dificultad y las características de esta obra maestra de Boris Eifman) permite comprobar otras virtudes, tanto o más importantes.

Destinada a ser un clásico de nuestro tiempo, la pieza de Eifman, estrenada en 1999, tiene una potencia y una atemporalidad que le garantizan una vigencia sin fecha de vencimiento. El argumento, basado en personajes reales (Catalina II de Rusia y su hijo, el príncipe Pablo) y con elementos de la tragedia shakesperiana, refleja los conflictos del poder y el amor, en el marco de un caleidoscopio dramático y coreográfico que no da respiro a los intérpretes ni al público. Los cuadros se suceden con dinámica arrolladora, y la danza está puesta por entero al servicio de la tragedia, que se hilvana casi exclusivamente sobre músicas de Beethoven y Mahler elegidas y ensambladas con maestría. El resultado es un conjunto en el que se torna difícil separar las partes, ya que todo (argumento, drama, movimiento, luz, escenografía, vestuario, música) converge para la creación de un espectáculo excepcional.

El coreógrafo ruso plantea los protagónicos como un "tour de force", que llevan adelante con holgada solvencia María Noel Riccetto y Ciro Tamayo. Riccetto mantiene imperturbable la majestad inherente a su personaje, y por su rostro y su cuerpo pasan con fluidez todos los conflictos de esta mujer temida y vulnerable al mismo tiempo. Tamayo refleja a la perfección el arco de emociones que transita el príncipe, desde la esperanza y la inocencia hasta la desesperación. Gustavo Carvalho (el Favorito), Careliz Povea (excelente como Natalie, la amada de Pablo) y Esteban Clavero (Pedro III) también ofrecen interpretaciones notables. El cuerpo de baile luce ajustado y cohesionado y muestra su excelencia en las individualidades, que es lo que posibilita al mismo tiempo la excelencia del conjunto. Obra maestra magistralmente interpretada, esta versión del "Hamlet ruso" deja un saldo excepcional, y sólo cabe esperar que éste, el primer ballet completo llevado al exterior por el Ballet del SODRE, sea el primero de muchos que la compañía uruguaya brinde al público argentino.

M.P.

Ruso". Cor.: B. Eifman. Música: L. van Beethoven y G. Mahler. Ballet Nacional SODRE / Uruguay (Dir.: J. Bocca). (Teatro Ópera, 10 de mayo).

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