11 de octubre 2013 - 00:00

Basta de cisnes negros

Basta de cisnes negros
Por favor, le pedimos a los economistas y seudo-economistas que dejen de hablar de cisnes negros. Es cierto que "suena muy bien" deslizar el concepto en cualquier charla o entreverarlo en el título de una nota. Pero ya son demasiados los que maltratan este concepto, del cual tienen poca o nula idea, para escudar su imprevisión y errores. "Rara avis in terris nigroque simillima cygno" ("Un ave rara en las tierras, similar a un cisne negro"), la referencia más antigua es la del poeta romano Juvenal en torno del año 100 DC. En 1697 se descubrió que los cisnes negros existían en Australia, lo que dio lugar para que John Stuart Mill (1843) le diera a la idea un sentido lógico y que en 1939 Harold Jeffreys le diera uno estadístico (lo que hizo Nassim N. Taleb en 2006 -cuya "teoría de los cisnes negros" es interesante aunque falaz en algunos aspectos por abuso del "modus tollens"-, es darle un marco financiero y popular). Lo que caracteriza a los eventos que podemos llamar cisnes negros es: a) su rareza, b) su impacto extremo y c) su predictibilidad retrospectiva (pero nunca prospectiva; la Falacia Narrativa). La operación de un/una Presidente que experimenta problemas de salud de distinta índole cada 9 meses, entonces no es nunca un cisne negro. Quien no la tenía en sus cálculos, simplemente fue por necio o sandio. El cierre de un Gobierno que viola el presupuesto y enfrenta una feroz pelea con la oposición todos los años, para que le extiendan el permiso de gastar y tomar dinero, no es un cisne negro y quien lo desestimó fue por necio o sandio. El 2,18% que subió el Dow al cerrar en 15.126,07 puntos, evidenció que no es Yellen quien impulsa al mercado, sino la apuesta a un gesto de racionalidad de los políticos. Ojalá no defrauden.

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