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Blues y soul en el golfo San Jorge
Don Vilanova (ex Botafogo) abrió el show con una clase magistral de blues.
Para llegar a Cañadón Seco, desde Comodoro Rivadavia en la provincia de Chubut, hay que recorrer poco más de 50 placenteros kilómetros. Todo el camino se hace bordeando playas que parecen pertenecer a otros mundos. Salvo Rada Tilly, un balneario que está a 10 kilómetros de Comodoro Rivadavia y que tiene población estable, el resto de las playas son salvajes y desoladas.
Punta Peligro, en el ingreso a la provincia de Santa Cruz, es la más fascinante de las playas. Se caracteriza por sus grutas que albergan marrones intensos, verdes de distintas gamas y colorados tenues. Adentro hay cavidades cubiertas de aguas transparentes, casi invisibles a la vista. Las rocas, que separan a las grutas de la playa, están cubiertas de mejillones y terminan de conformar un lugar primitivo y atrapante.
A pocos kilómetros de allí se encuentra La Lobería, una playa de cantos rodados y olas feroces; atrapa por su amplitud. Hacia donde se mire está el infinito. En una época estuvo poblada por lobos y focas. Pero la matanza despiadada acabó con ellos y los hizo mudarse cerca de Caleta Olivia. Playa Alsina es una inmensa piscina de aguas calmas. En todas las playas abundan pejerreyes y róbalos. Por suerte son pocos los pescadores que conocen esas ventajas y eso permite verlas desiertas, lo que agranda su enormidad.
Inspirado en estos paisajes, Álvaro Cañada, un cantante que hace un año actuó en Cañadón Seco, se fue del golfo San Jorge con una idea vaga que con el tiempo fue tomando forma: organizar un festival de blues y soul. La geografía tan agreste combinaba con la música más rebelde. Así comenzó a gestarse «Patagonia Blues 2010». Al principio había más entusiasmo que recursos. Pero la Patagonia es un lugar de emprendedores y pronto apareció YPF que tenía motivos para auspiciar el festival porque deseaba festejar su presente. Está en el mejor momento de sus inversiones desde 1996. Atrás de la petrolera llegó el apoyo de Ámbito Financiero, que deseaba que en el golfo San Jorge hubiera una presencia más firme del diario renovado y de su página web que se ubica entre las mejores. En lugares alejados, todo lo que es comunicación eleva la vida de la gente. Pronto se sumaron empresas petroleras de la zona como, Transpetrol Sur, Trans-Sur y LB Sur. Otamendi & Cía, propietaria de todas las estaciones de servicio de Caleta Olivia y el bar La Estación de Andrés Scurr, un apasionado del rock, acompañaron la idea de Álvaro Cañada.
Los planes comenzaron a avanzar. Se decidió que lo recaudado tuviera un destino: mejorar la vida de los discapacitados. Todo lo que se recaudara iba a ser a beneficio de Apadisco, que preside el doctor Gustavo Zurita.
Se seleccionaron las dos mejores bandas de la zona. Así surgieron Host y Cuervo Negro, de Comodoro Rivadavia. Ellos iban a tener la oportunidad de mostrarse junto a la Soul Road de Álvaro Cañada y al guitarrista de blues Don Vilanova, que hasta no hace mucho tiempo era conocido como Botafogo, pero una separación matrimonial hizo que la mujer le llevara hasta el nombre artístico, juicio legal mediante. Los músicos de blues están tan desprotegidos en la realidad como en el cine.
El conductor para un festival de rock y soul no podía ser otro que Juan Alberto Badía, que la noche de la presentación desplegó su formidable conocimiento sobre la música.
Álvaro Cañada había convocado a los mejores músicos para armar su banda, la Soul Road. Alambre González, el mítico guitarrista, era número puesto. El músico, que tocó con Pappo, B.B. King y la hija de John Lee Hooker, es en este momento la mejor guitarra argentina. Es capaz de tocar tan limpio y armónico como Peter Green o tan veloz como Pappo. Cualquier sonido es posible desde su Fender. El otro pilar fue Aquiles Roggero. Hubo que llamarlo a Europa porque estaba de gira con su hermano Luis, primer violinista de la sinfónica nacional. Aquiles integró grupos legendarios de rock más allá de su formación como músico clásico. La banda se completó con Silvio Marzolini, hijo del jugador de fútbol en teclados, Mauro Ceriello en bajo y Patricio Rafo en batería. Malena Di Bello fue la otra admirable primera voz y coro de Soul Road. Don Vilanova convocó a Lucas Sedler, de Memphis La Blusera. Todo estaba listo.
El grupo viajó a la Patagonia el viernes 19 de marzo para debutar al día siguiente. Hicieron su base en el hotel Roberts de Caleta Olivia, sorprendiendo a los tranquilos turistas que están de paso por la ciudad. Muchos viajan en moto porque quieren ver la hilera de asombrosas playas que nacen en Comodoro Rivadavia y terminan en el confín de Santa Cruz.
En Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia las entradas se agotaron apenas salieron a la venta. La capacidad del auditorio de Cañadón Seco iba a quedar desbordada por más de 800 personas.
Mariano Ferrari, el director regional de YPF en el golfo San Jorge; y Mario Segura, de Transpetrol, iban solucionando los problemas que se presentaban en el día a día. El vicegobernador de Santa Cruz, Luis Hernán Martínez Crespo, activo colaborador del festival, ofreció toda su participación desde el primer momento. Los tres estaban hermanados por su pasión por el blues.
El hotel Roberts seguía alborotado por los músicos que luego dieron una conferencia de prensa en el bar La Estación. Todos los medios de Santa Cruz y Chubut estaban presentes.
El sábado 20 de marzo fue el gran día. Juan Alberto Badía presentó a Don Vilanova, que relató la historia del blues, intercalando estrofas de los temas más conocidos. Luego habló de la escala pentatónica y recordó que sus acordes los utilizaron los extraterrestres que querían comunicarse con los humanos en la película de Steven Spielberg «Encuentros cercanos del tercer tipo». Luego junto a Lucas Sedler, interpretaron «El pata de lana», que es una versión local del blues «Back door man», de Willy Dixon, y habla de los que mantienen relaciones con mujeres casadas cuando el marido no está. Por supuesto, ambos son el amante que entra por la puerta trasera.
Después de la cátedra de Don Vilanova, se presentó Cuervo Negro, una banda que arrolló con su sonido clásico de rock. La armónica de Pablo Conejero sobresalió en algunos temas.
A continuación se presentó Host, una banda de músicos virtuosos que se lucieron en un tema instrumental de Santana. El baterista, Pablo Schneider, llamó la atención de Juan Alberto Badía por la soltura que mostraba en los redobles más complicados. Rubén Segovia, el guitarrista, pareció un Santana de la Patagonia.
La Soul Road cerró el festival. Comenzaron con un tema clásico de la película «All That Jazz». La voz negra de Álvaro Cañada alcanzó alturas importantes en «On Broadway». Luego vinieron algunos clásicos como «Ruta 66» y «Sweet road Chicago».
Malena Di Bello fue solista en «Desconfío», de Pappo. Luego Álvaro Cañada completó el homenaje al guitarrista con «El blues del club local» y «Rock and roll y fiebre». Alambre González se paseó por todo el diapasón en los temas con los que se recordó a Pappo y deslumbró.
Al final, todas las bandas se unieron para hacer «Proud Mary», uno de los grandes temas de Credence Clearwater Revival, con un arreglo soul. Fue un placer escuchar los solos de Don Vilanova, Alambre González y Gabriel Espinosa. La voz negra de Álvaro Cañada, con la voz ronca de Ariel Maldonado, el cantante de Cuervo Negro, y los agudos de Malena Di Bello le dieron una fuerza extrema al tema. Fue el final apoteótico que el festival merecía.
El calor del auditorio contrastaba con el frío que había en el exterior. Cuando todo terminó, la combi para transportar a los músicos estaba esperando en la esquina que forman las calles Barranca y Señal Picada. No podían ser más acertados esos nombres para describir el lugar donde se presentó «Patagonia Blues 2010».



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