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Bolsonaro, un líder construido en pos de un nuevo proyecto de poder militar
Debe impulsar una “nueva democracia”, en la que oficiales desempeñarán un rol protagónico hasta ahora impedido por el sistema brasileño. Sus bases son el conservadurismo político, el liberalismo económico y la promesa de erradicar a la izquierda.
APOYO. Seguidores de Bolsonaro revivieron ayer las teorías conspirativas en las calles de Río de Janeiro.
Además, el hombre se ordenó en lo personal. "Se casó con su tercera mujer, tuvo una hija e hizo dos años psicoanálisis", contó. "El nacionalismo económico ya no es nuestro programa, eso se lo dejamos al PT. Ahora es el liberalismo. Eso es lo que le dijimos a Bolsonaro. Queremos un país lo más libre posible, lo que nos ubica radicalmente en contra de lo que dice el PT".
Esa postura económica, que contradice la tradicional del poder militar en este país, es la base de lo que la nueva doctrina define como "nueva democracia". Sus pilares son, explicó la fuente, "la lucha contra la corrupción, la seguridad, el ajuste fiscal, la reforma previsional, las mejoras en el transporte. E incluso, por qué no, abordar también la cuestión de la mujer".
La izquierda tiene cabida en la "nueva democracia" con condiciones. "Hay una izquierda que es buena, incluso dentro del PT y del Partido Comunista, y que Brasil debe aprovechar. Pero hay otra que incomodó a la sociedad con un discurso excesivo de lo políticamente correcto, que pretendió imponer en el Congreso el matrimonio homosexual, las cuestiones de género... La sociedad no quiere eso. Ya no vamos a permitir esas propuestas que engañan y se disfrazan de socialismo", indicó.
Bolsonaro no es el misógino, homofóbico y racista que sus propias declaraciones sugieren. "Usted recordará el episodio que se produjo en 2014 con la diputada (del PT) Maria do Rosario", a quien, en medio de una discusión sobre un proyecto de ley sobre violadores, Bolsonaro le dijo que "no te violo porque no te lo merecés", lo que le valió con el tiempo una condena. "Bueno, nadie lo sabe, pero eso cambió su percepción, se arrepintió. Es algo que le salió caro en lo personal. También lo ayudamos a entender eso, que debía evitar esas reacciones" para convertirse en un candidato viable, añadió.
La salida democratizadora de Brasil, dijo la fuente, fue negociada: un gran acuerdo nacional implicó que una ley de amnistía fuera la contraprestación de una convocatoria a elecciones sin proscripciones. Eso, añadió, "preservó el estatus de las Fuerzas Armadas como una fuerza permanente de Estado. En esa primera etapa, el sector militar se recostó en su rol profesional, pero ahora estamos en una etapa nueva, en la que exigimos ser tratados como ciudadanos plenos, no de segunda".
El objetivo es poner en marcha una "tercera vía", esto es algo diferente a un rol en que los militares sean la cabeza de un régimen propio y también al de subordinados pasivos ante las autoridades civiles. "Queremos ser aceptados como ciudadanos plenos, no como ciudadanos de segunda. Por eso hablamos de una 'democracia nueva'", aseveró.
"Fuimos claros al hablar de un grupo que le robó a la nación y que tiene relaciones con dictaduras como las de Evo Morales, la de Nicolás Maduro y la de Daniel Ortega. El proceso culminó con un ex presidente que es un presidiario, un criminal, condenado en un juicio normal, y con una ex presidenta destituida legalmente, no a través de un golpe, como se dijo", aseveró, sin nombrar ni a Lula, ni a Dilma Rousseff ni al PT.
Pese a eso, y por más que Bolsonaro y Mourão evoquen esa posibilidad, no existe posibilidad de golpe en Brasil, afirmó. "No hay ninguna posibilidad de golpe. Ninguna. En el 64 no había Facebook, el mundo era otro. Un golpe no se va a producir en ningún caso. La prensa no entiende esto todavía, y en la campaña fue muy parcial, con análisis muy infantiles. La primera derrotada en las elecciones es la cadena Globo", aseguró. Terminó el tiempo de los golpes, parece. ¿Llega la de la "nueva democracia"?


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