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Brasil se convierte en nuevo granero del mundo
Ese significativo aumento contribuyó notablemente a la suba de las reservas del Brasil que hoy están en niveles del orden de los 255 billones de dólares. Ocurre que Brasil produce lo que Asia quiere comprar, entre otras cosas alimentos, transformándose en lo que antes era la Argentina: el granero del mundo. Para ello, en lugar de castigar a su agro, lo promueve, lo que ha desembocado -queda visto- en un éxito rotundo.
La concentración en pocos productos primarios ayuda también al éxito. Hablamos del mineral de hierro, que supone el 13,6% de las exportaciones brasileñas totales y que, sumado a la soja (producto en el que la demanda china prácticamente se cuadruplicó en los últimos diez años) conforma nada menos que el 25% de las exportaciones totales de nuestro vecino. En el año 2000, ambos productos, sumados, representaban apenas el 10% de las exportaciones totales del Brasil. Todo un cambio.
En paralelo, el peso total de las exportaciones industriales del Brasil cayó del 74% al 54%, también en la última década. En este rubro, Brasil parece estar perdiendo dinamismo y alguna competitividad.
En China, en cambio, los productos industriales representan hoy el 90% de las exportaciones. En los Estados Unidos y en la Unión Europea están en el orden del 75%. Este sector, el manufacturero, está afectado en Brasil por varios factores que seguramente serán objeto de ajustes luego de las elecciones que se aproximan. Un tipo de cambio que se ha apreciado, un exceso de burocracia, un alto costo relativo del financiamiento, así como por deficiencias de una infraestructura que debe modernizarse para acompañar la nueva dimensión de Brasil.
Esto hace algo más vulnerable a las oscilaciones de los precios internacionales de las materias primas, pero -a la vez- le permite maximizar la bonanza impulsada por los altos niveles de precios. Lo cierto es que los precios de los productos que Brasil exporta crecieron un 20% en promedio desde el primer trimestre del año pasado, mientras que los precios de los productos que el país importa lo hicieron en apenas un 2%. Ese es el «viento a favor» que viene del exterior, que Brasil aprovecha al máximo y nosotros, de alguna manera, estamos dejando pasar.


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