La exposición, curada por Cecilia Cavanagh, directora del Pabellón, está integrada por una serie de esculturas sugeridas por las personas que padecen hambre en el mundo, y todas persiguen dejar un fuerte efecto en el contemplador: un desamparado durmiendo en la calle dentro de una caja de cartón, de la cual sólo asoman los pies y la cabeza; una bandeja vacía sostenida por dos manos mutiladas; un cuchillo y un tenedor clavado en una cabeza.
"El título de la exposición", dice Canale a este diario "proviene desde luego del famoso cuento homónimo de Franz Kafka, aunque en un sentido diametralmente opuesto. El protagonista del relato era un personaje de circo que ayunaba en una jaula expuesta al público, que lo ignoraba. Pero en Kafka ese individuo iba en busca de una identidad y terminaba disolviéndose en los hechos crueles que lo circundaban. Mi punto de partida, en cambio, es el de un hombre que sí tiene una identidad, que pierde en el mundo que lo rodea. Hay muchas formas de hambre. El hambre no sólo es falta de alimento material sino espiritual, la globalización que pasa por encima del individuo y lo aplasta colectivizándolo en la frivolidad, en la inequidad".
Las grandes dimensiones son una de las constantes de sus trabajos, aunque siempre "comentados" por un elemento extraño que el artista define de esta forma: "Una de las obras es un cuadro, en tres paneles de 5 metros, que reproduce unos búfalos sueltos y un hombre tirado. A mí me gusta introducir siempre un elemento disonante, que rompa con la estructura del conjunto, pero no gratuitamente sino porque su presencia llama la atención del espectador no sólo sobre su impertinencia sino en especial sobre la pertinencia de todo lo demás".
Para Canale, el gesto del verdadero artista es similar: la obra, en su concepción, "persigue un destinatario que siempre es anónimo. De otra forma, se terminaría creando sólo para lo que exige el marketing. Las obras de un artista son hijas del hambre cultural, son mensajes en una botella que flotan en el pavoroso océano de la realidad, que viajan hacia un destinatario ignoto en su desigual travesía".
Las esculturas que integran "El artista del hambre" fueron realizadas a lo largo de tres años, y retoman el diálogo con otras exposiciones de Canale cuya identidad, además de universal, es fuertemente argentina. Uno de sus trabajos en video es ejemplificador, a partir de sus fuentes literarias, de lo que él llama la "tragedia argentina". "Estas obras son el poema 'La refalosa', de Hilario Ascasubi, en el que un mazorquero amenaza a un gaucho que no adhiere al rosismo, y la otra es 'El matadero', de Esteban Echeverría, quizá la más conocida acerca de estos opuestos que nos enfrentan. Ambos poemas son premonitorios de la tragedia argentina, pero no sólo son pioneros en forma sino en contenido, por las libertades con las que fueron compuestos en desafío al orden literario establecido".
| Entrevista de M.Z. |


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