Cannes: terremoto político contra Berlusconi

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Cannes - Silvio Berlusconi aterrizó ayer en el Festival de Cannes como protagonista de un documental realizado por Sabina Guzzanti que traslada la polémica ya creada en Italia a la escena internacional. «Draquila-LItalia che trema», el film de la cineasta y actriz cómica, presenta una imagen demoledora del primer ministro italiano y vincula la gestión de su Gobierno de las consecuencias del terremoto vivido hace un año en la localidad de LAquila con turbios negocios mafiosos.

Guzzanti narra en forma documental la intervención de Berlusconi en la reparación de aquel sismo, que causó más de 300 muertes, y la implicación de su Gobierno en nada menos que el desmontaje progresivo de las garantías democráticas en Italia.

El 6 de abril de 2009 los habitantes de LAquila sufrieron las consecuencias de un devastador terremoto que las propias autoridades pudieron anticipar y del que los intereses privados, ligados y confundidos con los del Estado, sacaron un provecho que Guzzanti denuncia en «Draquila». Ya el título del documental, de una hora y media de duración y que hoy se exhibió como sesión especial -fuera de concurso- dentro de la selección oficial hecha por el Festival de Cannes, relaciona el nombre de la localidad con el de Drácula y, por consiguiente, hace referencia a un Berlusconi que deja a LAquila exangüe.

«¿Por qué los italianos votan a Berlusconi?», se pregunta la cineasta en la presentación de un film que muestra al primer ministro como un «vampiro» para Italia. Y por medio de entrevistas, de imágenes robadas con cámara oculta, de patéticos relatos de las víctimas -engañadas con la promesa de un realojamiento que se convierte prácticamente en el ingreso en un campo de concentración-, y de las declaraciones públicas de Berlusconi, el documental ofrece varias pistas.

Entre ellas, la ya conocida y que explica que la influencia de la televisión, dominada por el propio primer ministro y que transmite la versión oficial, está en el origen de un auténtico desmembramiento de facto de la democracia italiana. La realizadora ridiculiza la propaganda oficial yl encumbramiento de la persona de Berlusconi pero, a su vez, muestra la escasa capacidad crítica de muchos de sus conciudadanos, deslumbrados muchos de ellos por la omnipresencia del «padre» primer ministro.

La exhibición del film en Cannes ya ha dado motivo para la polémica antes del comienzo del Festival, puesto que de auténtico boicot se calificó el anuncio del ministro de Cultura italiano, Sandro Bondi, de que declinaba la invitación para acudir al evento precisamente por la programación de «Draquila». Bondi dijo que su ausencia se debía a «la molestia y el desconcierto» que le causó la inclusión en la selección oficial de Cannes de un film que «ofende a la verdad y a todo el pueblo italiano».

El film de Guzzanti, que ya se ha estrenado en Italia, presenta el terremoto de LAquila como la oportunidad política que permitió al primer ministro italiano salir de un declive de popularidad. Pero la directora también denuncia la ausencia de la oposición, jibarizada y reducida a la mínima expresión -una carpa permanentemente vacía del Partido Demócrata en un cruce de calles cerca de LAquila lo ilustra en el film- que deja a unos solitarios ciudadanos que gritan con un megáfono como únicos denunciantes de la «usurpación» del Estado por parte del Gobierno. «Para Berlusconi era un día de mierda, como tantos otros: la magistratura le pisaba los talones, en los sondeos estaba en caída libre. Pero a las 03.32 del 6 de abril, un terremoto devasta una ciudad. Para Il Cavaliere, es como si Dios le hubiera tendido de nuevo la mano», narra la autora al comienzo del film.

Lo que sigue es un relato de la conquista del Estado por parte de las fuerzas del primer ministro, sobre todo con la ayuda de Guido Bertolaso, jefe de la Protección Civil.

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