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Carax, director estrella de los 80 en el festival
En 1986 su cine parecía inaugurar una segunda etapa de la “nouvelle vague”, y aunque más tarde, con los cambios de fines de siglo eso no llegó a concretarse, su obra continúa siendo “de culto”.
Léos Carax. El director de “Mala sangre” (1986), una de los primeros films metafóricos sobre el sida, en Mar del Plata.
P.: ¿"Annette"?
L.C.: Sí, una idea de los hermanos Ron y Russel Mael, los creadores de la banda pop The Sparks. Será una especie de comedia musical con diverso tipo de géneros, toda cantada. También será la primera vez que tomo un proyecto ajeno. Ya lo estoy haciendo mío.
P.: Promete ser interesante.
L.C.: La verdad, yo hubiera querido ser músico, pero no tengo talento. Como intérprete fui rechazado. Pero igual sigo. Tiempo atrás me enamoré del sonido de un acordeón y comencé a practicar. Después conocí la música de Astor Piazzola, que para mí es la imagen de la Argentina, y me compré un bandoneón. Trato de entenderlo, es muy difícil.
P.: A propósito, ¿cómo surgen esas imágenes tan singulares de sus películas?
L.C.: ¿Cómo hace un compositor? ¿Ya tiene la música en su cabeza? No sé. Por ejemplo, una noche vi a una parejita peleándose en un bar. Era evidente que se amaban, pero se estaban peleando. A partir de esa escena fui elaborando "Los amantes de Pont Neuf". Pero confieso que no soy muy realista que digamos.
P.: Después de ver esa obra, los turistas miran el Pont Neuf de otro modo.
L.C.: Yo llegué a París siendo adolescente. Estaba solo, y las únicas personas con quienes más o menos me comunicaba eran los clochards, los sin techo de esa zona. Algunos eran jóvenes como yo, eso me impresionaba. Se trata de gente que ha perdido mucho, y cada día pierde algo más.
P.: Por entonces usted se refugiaba en el cine.
L.C.: Veía cantidades gigantescas de películas en la Cinemateca Francesa. Me gustaba el primer cine mudo, ese lenguaje sin lenguaje del cine en sus comienzos, cuando todo estaba por hacerse. Me gustaba todo el cine. Mis dos primeras películas, "Boy meets girl" y "Mala sangre" fueron como una devolución a todo ese cine, como el pago de una deuda que yo tenía. Pero después que cumplí mi deuda, de a poco fui viendo cada vez menos cine. Ahora ya no veo prácticamente nada.
P.: Todavía adolescente, también fue crítico.
L.C.: Solo seis meses, a los 18 años. Así conocí Cannes. Por entonces yo me consideraba bueno, y tenía unas ideas muy formadas, terminantes, sobre el papel de la crítica y de los críticos. Ahora ya no pienso con tanta seguridad.

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