14 de noviembre 2018 - 00:10

Carax, director estrella de los 80 en el festival

En 1986 su cine parecía inaugurar una segunda etapa de la “nouvelle vague”, y aunque más tarde, con los cambios de fines de siglo eso no llegó a concretarse, su obra continúa siendo “de culto”.

Léos Carax. El director de “Mala sangre” (1986), una de los primeros films metafóricos sobre el sida, en Mar del Plata.
Léos Carax. El director de “Mala sangre” (1986), una de los primeros films metafóricos sobre el sida, en Mar del Plata.
Mar del Plata - Calmo, dubitativo, algo esmirriado, la mirada casi oculta tras los anteojos, Léos Carax tiene unas manos muy expresivas. A medida que se entusiasma con la charla sus manos vuelan, dan vueltas, juegan entre ellas. Y cuando alguien, más que una pregunta, le requiere una declaración sobre un tema que le es ajeno, su rostro se mantiene casi impasible, pero las manos sueltan un claro "¿qué querés que te diga?" Y luego él, muy educado, brinda una respuesta diplomática.

Nacido Alexandre Dupont, hijo de un periodista de ciencia y una crítica norteamericana, Carax, ex de Juliette Binoche, con quien filmó "Mala sangre", viudo de Yekaterina Golubeva, que le dejó dos nenas, en 40 años largos de carrera hizo apenas cinco largometrajes. Cuatro están en el Festival. Falta "Pola X", protagonizado por Golubeva (dicho sea de paso, ella estuvo aquí en 1996, con "Uno de nosotros", de Sharunas Bartas). Faltan además los cortos, y los videoclips con Carla Bruni antes de casarse con Nicolás Sarkozy. Pero esa es otra historia.

Periodista: Entre película y película usted ha llegado a pasar hasta 12 años. Y ya hace 4 que estrenó "Holy Motors". ¿Por qué tanta demora?

Léos Carax: Lleva tiempo encontrar el dinero, y más aún los rostros. El mayor trabajo es encontrar el rostro adecuado para cada personaje. ¿Pero qué nos atrae de un rostro? Lo que nos atrae de las mujeres ya es más obvio, pero aún así hay que saber elegirlas. En especial porque no me considero un gran director de intérpretes pero debo conducirlos a través de un túnel medio oscuro, que es el rodaje.

P.: Casi siempre lo acompaña Denis Lavant, que es un rostro inquietante.

L.C.: Un rostro muy fuerte, sí. A lo largo de estos años lo fui conociendo como actor. Es notable. Pero fíjese, aunque tenemos la misma edad, la misma estatura, y ahora también vivimos en el mismo barrio, no nos conocemos demasiado. Me tienta hacer algo con uno de sus personajes, Monsieur Merd, que es un tipo malo, infantil, ver qué pasaría, por ejemplo, si lo relacionamos con otros tipos malos, infantiles, como esos payasos horrorosos que dominan el mundo. Pero ahora estoy embarcado en otra película.

P.: ¿"Annette"?

L.C.
: Sí, una idea de los hermanos Ron y Russel Mael, los creadores de la banda pop The Sparks. Será una especie de comedia musical con diverso tipo de géneros, toda cantada. También será la primera vez que tomo un proyecto ajeno. Ya lo estoy haciendo mío.

P.: Promete ser interesante.

L.C.:
La verdad, yo hubiera querido ser músico, pero no tengo talento. Como intérprete fui rechazado. Pero igual sigo. Tiempo atrás me enamoré del sonido de un acordeón y comencé a practicar. Después conocí la música de Astor Piazzola, que para mí es la imagen de la Argentina, y me compré un bandoneón. Trato de entenderlo, es muy difícil.

P.: A propósito, ¿cómo surgen esas imágenes tan singulares de sus películas?

L.C.:
¿Cómo hace un compositor? ¿Ya tiene la música en su cabeza? No sé. Por ejemplo, una noche vi a una parejita peleándose en un bar. Era evidente que se amaban, pero se estaban peleando. A partir de esa escena fui elaborando "Los amantes de Pont Neuf". Pero confieso que no soy muy realista que digamos.

P.: Después de ver esa obra, los turistas miran el Pont Neuf de otro modo.

L.C.
: Yo llegué a París siendo adolescente. Estaba solo, y las únicas personas con quienes más o menos me comunicaba eran los clochards, los sin techo de esa zona. Algunos eran jóvenes como yo, eso me impresionaba. Se trata de gente que ha perdido mucho, y cada día pierde algo más.

P.: Por entonces usted se refugiaba en el cine.

L.C.:
Veía cantidades gigantescas de películas en la Cinemateca Francesa. Me gustaba el primer cine mudo, ese lenguaje sin lenguaje del cine en sus comienzos, cuando todo estaba por hacerse. Me gustaba todo el cine. Mis dos primeras películas, "Boy meets girl" y "Mala sangre" fueron como una devolución a todo ese cine, como el pago de una deuda que yo tenía. Pero después que cumplí mi deuda, de a poco fui viendo cada vez menos cine. Ahora ya no veo prácticamente nada.

P.: Todavía adolescente, también fue crítico.

L.C.:
Solo seis meses, a los 18 años. Así conocí Cannes. Por entonces yo me consideraba bueno, y tenía unas ideas muy formadas, terminantes, sobre el papel de la crítica y de los críticos. Ahora ya no pienso con tanta seguridad.

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